Por Narciso Isa Conde.
Un espacio para difundir, compartir y debatir ideas políticas, económicas, históricas, sociales, etc. que contribuyan a crear una sociedad más justa. ¡La verdad es siempre revolucionaria!
sábado, 16 de enero de 2021
TRUMP Y EL FASCISMO ESTADOUNIDENSE
jueves, 14 de enero de 2021
COMANDANTE GUIGUÍ, UNA MUESTRA DEL SIGLO XIX
Por Rolando Robles
NEW YORK.- Esa figura gastada “por el paso de los años”, es sin dudas, el dominicano más solidario y progresista -al mismo tiempo- que yo haya conocido. Pero cuidado, si lo miras a la luz de su razonamiento personal, es muy probable que pienses que yo le estoy jugando una mala pasada a mis lectores.
Luis Gaspar De La Rosa (Guiguí La Vela) era un espigado joven cuando lo vi por primera vez, al final de la Era; hijo de don Fello Gaspar y doña Francisca De La Rosa y hermano de Roberto (Tite o Guiguicito) hoy es un sobrio exponente de su etnia, medio africano y medio rastafari, que luce con orgullo sus trenzas, tejidas desde hace más de cuarenta años.
Intransigente con las ideas de izquierdas acuñadas en el ocaso del régimen, se alistó en el movimiento contestatario de la época y fue a parar a las filas de los llamados “revolucionarios de avanzada” aunque, su perfil ideológico no pasaba de ser “democrático y antitrujillista”. Mas luego, y al calor de esa explosión social que se generó aquel 30 de mayo glorioso, a ese sentir -que era propio de casi toda la muchachada urbana del país- se le fueron agregando otros “anti” y de sopetón, ya también éramos antiimperialista.
Sin dudas, Guiguí es una muestra viva del siglo XIX, a pesar de que se empeña en negarlo o encubrirlo. Su fecha de nacimiento debió ser a principios de esa centuria de logros y emancipación de América Latina, para ser testigo viviente de la industrialización y el nacimiento del capitalismo, de las ideas de Carlos Marx y Charles Darwin, de la penicilina y el teléfono.
En fin, Luis Gaspar nació y todavía vive con el mismo espíritu de la máquina de vapor y el automóvil de gasolina, con la Segunda Revolución Industrial, con los aportes de Pasteur, con la anestesia, la aspirina y el sistema de salud pública. Ese primer parto de doña Francisca, tuvo lugar probablemente, dentro del elevador, junto a la máquina de escribir, el avión y la fotografía, el jabón en pasta y la adictiva Coca Cola.
Señalo estos hechos, porque sé muy bien que Guiguí, también es un logro tardío de esos cien años de esplendor y gloria de la humanidad. Es seguro que le hubiera gustado haber nacido en la misma época que Martí, Frederick Douglass, Hostos, Duarte, Luperón y Olivorio Mateo (Papá Liborio). El siglo XIX es su “siglo de oro”, porque en el aparecieron, El Zorro, Pinocho, Sherlock Holmes, Frankenstein y hasta el mismo Drácula.
Es verdad que prefiere a Malcolm X sobre Martin Luther King, que posiblemente le hubiera gustado ser parte de la “Generación del 98”, aunque no quiere saber de España, porque aún teniendo un abuelo español, su alma está anclada en África, al sur del Sahara. Su africanía desborda cualquier pensamiento racional, así como su simpatía y devoción por el pueblo haitiano.
Él considera -erróneamente, por cierto- que ellos, los haitianos, son los redentores de la parte oriental de la isla, o sea de la República Dominicana. “Los haitianos liberaron la isla de la esclavitud”, proclama a viva voz; y “nunca lo han reconocido, y mucho menos agradecido”.
Hoy, he querido hablar de este animal de galaxia, parafraseando al maestro Milanés, porque siento que es una deuda que tengo conmigo mismo. Jamás me perdonaría irme de este reino sin dejar constancia de la categoría moral de este ser de otro mundo, controversial, luchador impenitente, pero, sobre todo portador de un corazón tan grande como el mar y definitivamente loco; porque puede amar sin tapujos y al mismo tiempo, a cada uno de los habitantes de la isla de Quisqueya o Haití.
Su niñez transcurrió en la pobreza casi extrema, atenuada únicamente por el espíritu emprendedor de don Fello que vendía desde hielo, hasta carbón y frío frío, en la plazoleta de San Antón; y todo para mantener a su extensa familia de doce hijos en cinco o seis mujeres. Tal era el poder de conquista de este hijo de esclavos naturales de las Antillas Holandesas. Mocando, de ojos “alagarteados” y porte seductor, el viejo Fello resultaba irresistible para las mulatas criollas.
Guiguí La Vela, creció entre San Antón, El Timbeque y Galindo (hoy Mejoramiento Social) pero, su zona por excelencia para “tiguerear” era el Solar de la Piedra, casi a la entrada del puerto, frente a la antigua residencia del gobernador Diego Colón, hoy Alcázar de Colón y cercano a la casa del Patricio Juan Pablo Duarte. En esa zona se asentaron varias familias provenientes del caribe holandés (Curazao, Bonaire y Aruba) de suerte que permitieron a Guiguí fortalecer los nexos con su etnia de origen.
Su incursión política se registra desde la adolescencia, conspirando contra el trujillismo en decadencia. En 1960, con la llegada del MPD, se incorpora al partido acompañando a Máximo López Molina, Andrés Ramos Peguero, César Rojas y otros patriotas que participaron en la lucha abierta contra el régimen. Al ajusticiar el tirano en mayo de 1961 y registrarse un receso político del MPD, arriba el PRD (5 de julio) y Guiguí se integra de inmediato.
Allí, junto a Eliseo Andújar (Barahona), Homero Hernández, Fernando Ortiz Bosch y Aridio García De León entre otros, el inquieto joven se suma a la lucha contra los remanentes del trujillato. Después del golpe de estado de 1963, Guiguí, Homero y Barahona, se mueven al Movimiento 1J4, acompañando a Rene Montás, Margarita Cordero, Fidelio Despradel, Teófilo Barreiro y Nelson De Peña Then, entre otros distinguidos combatientes.
Esa travesía política del larguirucho y tenaz mozalbete demuestra una juventud ávida de participación en las luchas democráticas, pero sin mucha formación ideológica, cuando menos al inicio de los años 60’s. La generalidad de los que éramos adolescentes y/o jóvenes al momento de la caída del régimen, no establecíamos diferencia entre MPD, PRD, 1J4 y Unión Cívica. Para el pueblo llano y trabajador, eran “organizaciones patrióticas”; y con eso nos bastaba.
El apodo con que yo lo conocí, “Guiguí La Vela”, se justifica en su estatura. En un momento del pasado deportivo de la ciudad, Luis Gaspar y Marino Mejia, otro dominicano ilustre de Nueva York, eran “centros” del equipo de baloncesto de dos de los principales clubes deportivos, Mauricio Báez y San Antón.
El siguiente eslabón de la cadena de vida de este descendiente de esclavos africanos, fue la epopeya de abril de 1965. Esa revuelta que catapultó la juventud dominicana del momento al escenario de los héroes. Sin embargo, aun falta por definir si el balance final fue, en definitiva, para beneficio tangible del pueblo dominicano. Me atrevo a apostar que, este párrafo será el punto de discordia de mis lectores, incluido el propio protagonista del relato; pero, para eso estamos, para interpretar la historia que vivimos.
Con la mal llamada “guerra de abril”, le llegó el mote -muy merecido, por cierto- de “Comandante Guiguí”, repetido y reconocido por todos los narradores válidos, que se inclinan respetuosos ante este gigante de la patria que, con a penas un sexto grado de primaria, supo jugar el papel histórico que el pueblo y las circunstancias históricas le impusieron.
Desde el comando Arturo Jiminián, localizado en el antiguo edificio que alojaba la Dirección General de Estadísticas de ese entonces, en la calle Las Mercedes con Hostos, respondió con valentía y patriotismo, el Comandante Guiguí, la fiera agresión -a morterazo limpio- del imperialismo y su llamada “Fuerza de Paz” de la OEA.
Firmado el armisticio e instalada la maquinaria aniquiladora de la juventud diseñada por el nefasto MAAG (Military Assistance Advisory Group), el Comandante Guiguí se vio precisado a salir del país para preservar su vida. Corre el año de 1967 y en la ciudad de París, luego de una travesía que lo lleva hasta Checoeslovaquia y Cuba, sobreviviendo gracias al ingenio y la ayuda revolucionaria, conoce a Doris, una joven nativa de Michigan, USA y dos años después, la desposa y levantan familia.
Doris estudiaba en Francia y no pudo resistir los embates amorosos del apuesto mulato, copia fiel del viejo Fello. Hoy, a 50 años de conocer al padre de sus tres hijos y testimoniando un amor de toda la vida, la ex maestra, sintetiza su relación con el mocando de San Antón de una manera muy peculiar: “Rolando, tú eres su amigo y lo conoces muy bien, él es la cruz que yo escogí llevar, como él me escogió también a mí por compañera. Guiguí es responsable, cariñoso, solidario, proveedor. Si fuera pudiera, me casaría de nuevo con él”.
Iniciando este año, que espero sea de recuperación, quise recordar esta pareja especial, que todavía se hablan en francés, para recordar sus amores juveniles en la ciudad luz. Mi propósito es dejar constancia de la reciedumbre moral y ética de este singular ciudadano. Y quiero cerrar con una confesión de Doris, su compañera y cómplice de toda la vida, que nos habla por boca de Edith Piaf, cantando a Jacques Brel:
Je creuserai la terre
Jusqu’après ma mort
Pour couvrir ton corps
D’or et de lumière
Ne me quité pas
Ne me quitte pas
Ne me quitte pas
Ne me quitte pas
¡Vivimos, seguiremos disparando!
Fuente: Comandante Guiguí, una muestra del siglo XIX (labazuca.com)
lunes, 4 de enero de 2021
LLEGÓ 2021
Por Narciso Isa Conde
sábado, 2 de enero de 2021
EL 2021 DEBE SER DE UNIDAD Y LUCHA
Por Fortune Modeste Valerio
Al recibir el Año Nuevo siempre clamo por la unidad de los revolucionarios. El que se fue nos deja un panorama trágico, agravado por la incapacidad e irresponsabilidad de nuestros gobernantes. En esta ocasión reitero ese llamado, con más fe y entusiasmo que antes.
El gran problema de los revolucionarios dominicanos es la escasa y limitada visión de futuro. Al no manejar correctamente el presente y sus movimientos, se les nublan los ojos para poder distinguir los fenómenos. Discapacidad intelectual que ha hecho mucho daño al movimiento revolucionario.
No se dan cuenta de que fruto del desgaste y descrédito de los partidos políticos tradicionales, en el momento existe un espacio a ocupar por una fuerza política nueva, que sea la antítesis de la pudrición ética y moral a que es sometida la sociedad por políticos y entidades sinvergüenzas.
Casi todos están desacreditados, solo queda una que no ha gobernado todavía. Y para ponerse esos zapatos deben de colocar los pies sobre la tierra; observar los fenómenos políticos, económicos y sociales en forma objetiva y multilateral. Descartando un dogmatismo rancio en el análisis de la sociedad y coyunturas que le impide mirar las oportunidades que le brinda la realidad.
La derrota del PLD iba a provocar ese vacío existencial. Fue un golpe demoledor, acelerado por la lucha grupal, entre corruptos, a lo interno de ese partido. Ahora, el desafío es cómo ocupar ese espacio con nuevas fuerzas políticas que practiquen labuenapolítica, alejada de la corrupción y la mediocridad.
Ese espacio deber ser llenado por fuerzas revolucionarias, progresistas y democráticas. Aglutinar a miles de hombres y mujeres en una alternativa política que garantice el establecimiento de una verdadera democracia.
Aprovechar el nuevo escenario, ambientación, para potencializar la capacidad de trabajo en la población; en los sectores motores de la dinámica de las actividades políticas, sindicales, campesina, estudiantiles, profesionales, barriales, etcéteras. Levantando sus reivindicaciones más sentidas y proyectando un liderazgo nacional y local, en el fragor de la lucha.
No es correcto permanecer aislados y en silencio ante las pretensiones del presidente Abinader de continuar con el proceso de despojo del Patrimonio Nacional para entregarlo al sector privado y a las inversiones extranjeras, imperialismo. Por ese camino, se escoge el más fácil, perjudicando a la presente y futuras generaciones. Un asunto es impulsar la economía con estímulos y libre competencia; y, otra muy distinta, es entregar los bienes estatales a los grupos económicos privilegiados.
La unidad de los revolucionarios es una necesidad nacional. Pero no aquellas que se realizan en las universidades, sindicatos, gremios de profesionales, clubes culturales y deportivos, etcéteras. Que se hacen única y exclusivamente para ganar elecciones y, después, quedan más divididos que una bandeja de dulce de coco.
La unidad de ahora es en serio, teniendo como meta llenar ese espacio vacío, con un Proyecto de Nación que sea el resultado de una investigación objetiva de la realidad económica, política y social del momento, con proyecciones a mediano, corto y largo plazo. Que no vengan con disparates recetarios, muy alejados del presente.
Esa unidad revolucionaria será la clave para impulsar un amplio movimiento progresistas y democráticos, que descanse en un programa de Gobierno Patriótico Nacional, con definidas políticas internacionales. Es preciso recordar, no vengan con inventos, que somos un país atrasado y dependiente, con características muy propias.
Nos mueven intereses patrios para derribar los obstáculos que impiden disminuir los niveles de pobreza y miseria de la población, combatir la corrupción y la impunidad; y cambiar, de verdad, el modelo económico productivo de la nación.
Nos esperan grandes jornadas de luchas, y solo con la
unidad podemos salir airosos.
miércoles, 30 de diciembre de 2020
REFLEXIONANDO A NUESTROS IDO A DESTIEMPO: ¡APROVECHEMOS EL TIEMPO!
Por Manuel Salazar
Todavía no asumo que Andrés Quezada ya no está físicamente con nosotros. Como no asumo todavía que ya no están Marino Báez, Henry Hernández, Juan Marte, Jesús Adon, Keyni, Agapito Castro, Víctor Batista... Pedro Medina, Emilio Añazco, Bienvenido Navarro....
Como a cada rato tienen que recordarme que Ramón Almánzar, Francisco Antonio Santos y Félix Tejeda, no están.
Porque estábamos juntos en el día a día, haciendo planes para hoy y el mañana, y no había atisbos siquiera de que estarían ausentes en lo que planificábamos.
La vida lo determinaba todo.
Con Andrés había estado hablando, casi todos los días en la mañana en los últimos tres años. De trabajos en curso. De planes futuros.
Hace apenas 15 días le leí unos párrafos introductorios de un trabajo que escribo, titulado "La revolución sigue siendo un problema planteado que espera solución. La tesis no es mía. Es del 7mo Congreso del Partido del Trabajo de Albania", le dije. Pero quiero recuperarla, porque me parece que debemos insistir en la idea de que la revolución se construye cada día; y debemos dejar de verla como algo abstracto que ocurrirá algún día. Que sería como decir nunca, según Mario Benedetti.
Él me habló de su proyecto de película sobre la guerra de la Restauración.
Convenimos en que su trabajo en el cine debía contribuir a desarrollar la idea de que la revolución sigue planteada como tarea diaria, y a ese fin le encargué un compromiso hecho con el compañero Roberto Castillo, del Comité Dominicano de Homenaje, de hacer un documental sobre los acontecimientos de la calle Espaillat, que en octubre del año próximo, será el 60 Aniversario.
"Esa es una epopeya de la juventud dominicana que debe ser mostrada a las nuevas generaciones, y va en la línea de contribuir a la subjetividad revolucionaria". Le dije.
"Pero eso es ya, para que quede bien hay que comenzar con tiempo". Me respondió.
Y miren. El camarada ya no está. Se nos ha ido de una manera inesperada. En medio de estos planes.
Y así se nos fueron otros y otras. En medio de tareas y planes.
Debemos sacar la lección de estas duras experiencias. "La muerte anda en penumbras y no se sabe en qué mañana", dice Silvio Rodríguez en una canción emblemática. Y hay que hacer temprano el testamento.
La distancia entre la vida y la muerte es imperceptible. Tan delgada que no se ve.
En términos de tiempo es tan breve que se necesita tecnología calificada para medirla.
Pero la lección más revolucionaria es hacer ya las cosas que nos proponemos. Llenar nuestras vidas de ideas y hechos trascendentes. Propias para un testamento que hay que comenzar a escribir, o dictar. Ya. Porque la muerte es la continuidad inmediata de la vida, y casi no media distancia ni tiempo entre la una y la otra.
Miren para sus entornos, y noten que aunque no queramos aceptarlo, muchas y muchos, de nuestros seres más queridos ya no están. Es real.
"No dejemos para mañana, lo que podamos hacer hoy".
martes, 29 de diciembre de 2020
¡ANDRÉS, PRESENTE!
Por Jesús Díaz
lunes, 28 de diciembre de 2020
ACTUALIDAD DE LA ROSA ROJA DEL SIGLO XX
Por Narciso Isa Conde








