viernes, 9 de septiembre de 2022

Las elecciones están ahí, al doblar de la esquina

 Por Fortune Modeste Valerio 

Llegar tardes a los acontecimientos históricos, se ha convertido en una práctica muy frecuente de la izquierda. Ese ha sido un comportamiento muy perjudicial que ha impedido posicionarse con tiempo en la mente, simpatía y decisión política de la población. A pesar de las vueltas a que nos tienen acostumbrado, espero que esta será la última vez que nos mantengan en vilo.

Estamos muy cerca de las próximas elecciones nacionales: presidenciales, congresuales y municipales. Desde los meses de febrero y agosto del 2024, comienzan las votaciones para elegir a los futuros funcionarios que gobernaran los destinos de la nación. Si a estas fechas se le agregan los días mandatorios para el inicio de la campaña electoral, prácticamente afínales del 2023, entraremos de lleno al calor del proceso electoral.  

A esta altura del juego, la izquierda en conjunto, las organizaciones coincidentes en participar en las elecciones, no ha decidido qué hacer en la presente coyuntura electoral. Aunque existen coincidencias significativas, dentro del proceso democrático, para participar unidos con un solo programa de gobierno, la manera de escoger los candidatos y consignas democráticas; sin embargo, se adolece de un instrumento unitario para salir a las calles a buscar los votos, con el cuchillo en boca.

Es tradición política de nuestro país, cuando termina el proceso electoral y se eligen a los agraciados, se inicia de inmediato los aprestos electorales para las próximas... Se repite, de nuevo, la cantaleta religiosamente: ¡4 años más y después hablamos! Generalmente, el gobierno de turno da el primer picazo en ese sentido, la oposición no se queda atrás, con excepción, con su tardanza, de la izquierda.

En esta vuelta electoral, todos coinciden, hay que cerrarle el paso a los afanes reeleccionistas del actual gobierno que encabeza Abinader y el PRM, y detener las pretensiones, por volver, de las dos versiones corruptas del PLD, Danilo y Leonel y su FUPU. La derecha juega con el tiempo, "que lo borra todo", y confundir a la población con caramelos envenenados; cayendo la izquierda en la trampa por no comprender la dinámica de la democracia capitalista.

En estas últimas décadas, los partidos políticos que se han alternado el poder se han desacreditado hasta el tuétano, por el manejo inadecuado de los recursos públicos y profundizando las desigualdades económicas, políticas y sociales en la sociedad. Su punto de inflexión se concentra en la incapacidad para gobernar y “privilegiar” los esfuerzos para prevenir y sancionar la corrupción. Sin contar con el deterioro ético y moral de la administración pública.

Ante una crisis tan evidente de un liderazgo decente, saludable y confiable, tiene que surgir un sector de las mismas entrañas de la población que pueda desplazarlo, nos referimos en este caso, a la izquierda. Que no ha gobernado todavía y que ha luchado con un trabajo arduo y valientes sacrificios, por el establecimiento de esta precaria democracia. Solo falta que llegue al poder para ordenar la casa que anda manga por hombro.

Sí, la izquierda, sin temor ni pavor por el término, tiene un escenario precioso, para avanzar, que no debe desperdiciar, sin excusas algunas. Se ha comprobado que los revolucionarios, sectores sociales y populares, progresistas y democráticos, pueden conducir la nave a puerto seguro, dentro de la ola democrática que se mueve en la región.

Interpretar correctamente el proceso en curso y aceptar el camino por recorrer, sin pretender ser más papista que el Papa, implica empezar a materializar pasos concretos que sobrepasen las expectativas y presentarle al país una alternativa política que tenga como base un acuerdo programático, amplio y democrático, guiado por un protocolo de convivencia en la aplicación y respeto a los puntos consensuados. La población organizada, correa de transmisión, será el punto de apoyo para "peinar" todo el país.

 La izquierda tiene toda la de ganar; por el contrario, pierde si se coloca de espalda o llega tarde al proceso electoral. Afinar bien la puntería, para no fallar en esta oportunidad. Aunque se manifiestan los mismos males y desviaciones de siempre, ahora con menos intensidad, sí se puede avanzar... Reitero de nuevo: no desperdiciemos el momento por pendejadas. “Cuando el aire es favorable, aprovecharle”.

Fortune Modeste V.


Cándido Gerón tratando de encender el cachimbo que fumó con Joaquín Balaguer

Por Fidel Soto

I

Se alarma y victimiza el relator de la seudomemoria del cortesano, y ataca con un boomerang a las personas que han criticado sus relatos y confesiones amañadas que le refirió un hombre que estuvo por 30 años, al servicio de una cruel y sangrienta dictadura.  Ese hombre autollamado "Un cortesano de la Era de Trujillo"; es el mismo que al final de la dictadura ejercía la presidencia de la República, cuando asesinaron a las hermanas Mirabal y desaparecieron a los ejecutores del dictador. Al contestar las críticas por sus alabanzas exculpatoria al cortesano, lo hace con este señalamiento: 

*Los dirigentes comunistas e intelectuales que me atacan por mis conversaciones con Joaquín Balaguer cometieron numerosos hechos de sangre y algunos de ellos colaboraron con el líder reformista y, otros, recibieron dinero, como ya he afirmado, de agentes de la CIA instalados en el país por instrucciones de la embajada americana a partir de la Revuelta de Abril de 1965. *

Así es que trata de encender su cachimbo apagado. Con infamias y acusaciones. A él nadie lo está criticando por sus conversaciones con el cortesano. Ni por la amistad y admiración que se profesaron ambos. No es correcto llevar esa relación a un pecado o una falta. Hay que admirarle al notable escritor, ese don que lo llevó a acercarse a varios líderes y presidentes.

Lo que le criticamos es esa manera de difundir las falsedades que recoge de un hombre que al preguntarle por los asesinatos y desapariciones contestó: "Eso es obra de fuerzas Incontrolables". Y queremos preguntarle al distinguido intelectual-relator lo siguiente: Si él hubiera entablado amistad con Trujillo, y éste le decía: "Poeta, a mí me acusan de ordenar el asesinato de las hermanas Mirabal, pero eso no es verdad." Qué escribiría él hoy, sobre eso. El caso, aunque hipotético es un ejemplo de cómo debe comportarse un periodista o escritor al describir o tratar de difundir algo sucedido en el pasado y más si se trata de una dictadura o de un hombre de la categoría del cortesano. No es la amistad. Es la mentira que difunde, como la de culpar al presidente Juan Bosch, de ser el culpable de la tragedia que significó el Golpe de Estado del 63.

En el texto citado arriba, nuestro admirado poeta, con el que no tenemos odio ni resentimiento, comete un grave error que lo coloca en  el anticomunismo rabioso, arma predilecta de los autores del golpe y de los generales asesinos y torturadores de los doce años del admirado cortesano. 

Así en su desesperado intento de encender su cachimbo afirma:

1- "Los dirigentes comunistas e intelectuales que me atacan cometieron numerosos hechos de sangre..." Hay en esta afirmación un juicio que de antemano coloca al relator en una posición clara de defensa a la política de crimen y terror organizada por los interventores que colocaron a su admirado cortesano en el poder. Es cierto que sectores de la izquierda cayeron en lo que Lenin definió como un peligro para el marxismo; pero hay una parte de la izquierda que no cayeron en esos errores. Escoger eso como arma es un abuso del relator. Pero no toma en cuenta que se trató de exterminar al Estado Mayor de los constitucionalistas en el Matum y esto produjo una radicalización en sectores revolucionarios.

La otra afirmación es la siguiente 2-" Algunos de ellos colaboraron y recibieron dinero ". 

¿Es ese el pecado que se le quiere echar a las izquierdas?

No entiende este relator de la obra del cortesano, que todo eso fue obra de la contrainsurgencia planificada por la CIA y servida por el régimen de Joaquín Balaguer. 

Gerón puede mencionar entre esas personas a Manuel Pérez Martínez y tantos más; pero porque no recuerda a los numerosos militantes y dirigentes de izquierda que no se vendieron, no se rindieron y murieron por sus convicciones.  Ahí están escritos los nombres con hilos de oro en las páginas gloriosas ( no en blancos) los nombres de Henry Segarra, Guido Gil y Amín Abel, tres de ellos que representan miles que llenarían decenas de Libros Récord de los doce años; y en piedra, el de los diez años: El inolvidable intelectual, valiente militante, inmaculado patriota, Narcizo Gonzalez, pequeño de estatura, pero gigante en firmeza. Por eso le llamaban Narcizaso. 

07-09-22.-

Fidel Soto





jueves, 8 de septiembre de 2022

Parece que ahora nos vamos a unir, y debemos unirnos

Por Francis Santana 

El mayor anhelo que por muchas décadas han estado acariciando los mejores  hombres y mujeres de la nación dominicana y del movimiento revolucionario, es que la izquierda se una para luchar y trabajar para poder situarse en condiciones reales de alcanzar la liberación definitiva de la nación e iniciar la construcción de una nueva sociedad, basada en la democracia plena, en la justicia social verdadera, el respeto total a los derechos humanos, la igualdad de género, el respeto y protección  consciente a nuestros recursos naturales y en la que nuestro pueblo alcance los mayores estadios de bienestar material y espiritual.

Pero concretizar la unidad entre las organizaciones democráticas y de izquierda en nuestro país ha sido difícil en extremo. Y cuando se ha logrado algún nivel al respecto, por lo general esta ha sido efímera, insuficiente, intrascendente y la misma no ha suscitado mayor entusiasmo, ni expectativas.

Durante largos años, no nos unimos porque teníamos visiones distintas en relación al carácter de la revolución, otras veces por diferencias al enfocar la situación internacional, y en más de una ocasión, porque unos entendían que participar en los procesos electorales constituía una traición a la revolución, y que lo que se correspondía en un momento dado era prepararnos para iniciar la lucha armada.

Y no solo fuimos incapaces de unirnos como izquierda, sino que, además, cada organización se fragmentó en su interior recurrentemente, contribuyendo al debilitamiento de nuestras precarias fuerzas y a crear desaliento y alejamiento de mucha gente honesta y revolucionaria que de manera consecuente siempre ha estado al lado del pueblo y de sus luchas.

En muchas de esas divisiones ha estado presente con ímpetu arrollador y pernicioso la ideología y la práctica pequeño burguesas, marcadas por el individualismo, la carencia de un dominio a fondo de la teoría revolucionaria y por el afán de ascender socialmente a partir de ostentar elevadas jerarquías partidarias, situando en primeros planos los intereses y las aspiraciones personales, y manejando con torpeza las diferencias, que bien conducidas, no necesariamente tienen que concluir con divisiones, que dan surgimiento a más organizaciones, pero mucho más débiles, y a su vez, al surgimiento de más “jefes” de la revolución.

Nunca he podido olvidar una reunión que sostuvimos cinco organizaciones de nuestra izquierda en la que tres de estas provenían de la misma matriz; pero se habían fragmentado y ahora tenían tres “jefes”, tres comités centrales y tres comités políticos, no obstante reivindicarse las tres como firmes abanderadas del socialismo y del comunismo.

Pero siendo responsables y justos, tenemos que reconocer en honor a la verdad histórica, que determinadas divisiones en la izquierda tuvieron sus orígenes en la penetración en su seno de agentes enemigos de la revolución.

Ha sido tan prolífera nuestra izquierda para dividirse, que en la actualidad existen decenas de organizaciones de esta naturaleza en nuestro país, llegando un importante dirigente de este sector a decir que existen unos 97 grupos de izquierda en la República Dominicana. Afirmación que entiendo exagerada.

Esas interminables divisiones internas, unidas a la incapacidad para unirnos, constituyen dos elementos causales fundamentales (no los únicos) por los que nuestra izquierda no ha sido capaz de ganarse las simpatías de amplios sectores de la sociedad para sus filas y proyectos políticos. Porque hay que ser razonable; nadie se va a montar con confianza en un barco cuya tripulación y pasajeros se están dividiendo permanentemente, sin garantía alguna de llegar a puerto seguro.

Esa panorámica antes y brevemente descrita, ha contribuido poderosamente a que hoy nuestra izquierda revolucionaria y otras fuerzas democráticas carezcamos de la suficiente influencia política en la clase obrera, el campesinado, la clase media, la intelectualidad avanzada y que la participación de la juventud y de las mujeres en la izquierda sea prácticamente ínfima y excepcional.

Pero ahora es altamente probable que podamos unirnos

A diferencia de coyunturas anteriores, en las que los grupos de izquierda marchamos cada uno por nuestro lado, compitiendo y muchas veces desgarrándonos entre sí; ahora se observan reales posibilidades de que podamos marchar unidos. Esto es altamente alentador y debe desafiarnos a trabajar por esta unidad desde lo interno de cada una de nuestras organizaciones, en los sectores y territorios en los que actuamos, en la diáspora y en todos los espacios en los que hacemos vida social.

Cuando afirmamos que la unidad del campo democrático y de izquierda tiene en estos momentos una gran oportunidad para convertirse en   realidad, nos apoyamos en los siguientes elementos:

Las principales organizaciones, movimientos y partidos progresistas, democráticos y de izquierda hemos definido el actual gobierno del PRM como oligárquico, como nuestro blanco principal del momento, al tiempo de coincidir en que hay que hacer todos los esfuerzos para impedir que el relevo de este gobierno pudiera ser el PLD en cualesquiera de sus dos versiones: PLD o Fuerza del Pueblo (FP).

Coincidimos en que el método para avanzar tras el poder en la presente situación es la participación electoral unitariamente, ligada estrechamente con la lucha popular, la que debe ser estimulada y acompañada de manera permanente.

Que la unidad debe incluir a partidos de izquierda y progresistas; pero también a sectores sociales que postulan cambios democráticos y a personas que sin estar integradas a partido alguno, siempre han acompañado al pueblo en cada una de sus luchas.

Los enfoques de la inmensa mayoría del campo popular y revolucionario son tan similares en el momento actual, que sus propuestas programáticas son prácticamente las mismas y con un contenido de reformas y transformaciones de avanzada, que apuntan de manera frontal contra el modelo neoliberal, de sus defensores y beneficiarios nativos y extranjeros.

Y con relación a un tema que en pasadas coyunturas electorales creó bastantes dificultes, como el de la selección de las candidaturas, ahora existe un amplio consenso en el sentido de que las mismas (incluyendo la candidatura presidencial de la unidad) sean definidas mediante el uso de métodos democráticos y transparentes, y quienes resultaren ser favorecidos/as por el voto mayoritario, serán las candidaturas que nos representen a los distintos cargos electivos.

Se ha ido creando un ambiente tan favorable hacia la vertebración de una gran unidad político-social de las fuerzas más democráticas de la nación, que incluso aquellos grupos que no están de acuerdo con participar en el proceso electoral sí son partidarios de practicar la unidad de acción con los que concurriremos a las elecciones del año 2024; y esa unidad, ha ganado bastante terreno y esto debemos continuar cultivándolo esmeradamente.  

Existe, además, una coincidencia plena, en el sentido de que en el proyecto unitario que estamos construyendo, no caben quienes TENGAN DEUDAS DE SANGRE CON EL PUEBLO, NARCOTRAFICANTES, FEMINICIDAS, ECOCIDAS, XENÓFOBOS, CORRUPTOS, NI TRAIDORES A LA PATRIA.

Entonces, podemos asegurar que AHORA EXISTEN LAS CONDICIONES NECESARIAS PARA UNIR A LO MEJOR DE LA NACION Y PRESENTARLE AL PAIS UNA PROPUESTA PODEROSA DE UNIDAD CON VERDADERAS POSIBILIDADES DE PODER.

 Y DEBEMOS HACERLO, Y HACERLO AHORA; PORQUE SOLO UNIDOS Y A TIEMPO, NOS PUEDE IR BIEN. 

Francis Santana
 

lunes, 5 de septiembre de 2022

Reflexiones mínimas. El espejo del plebiscito de Chile

Por Manuel Salazar

Si el pueblo se coloca en una voluntad de cambio, y decides que hay que cambiar las viejas instituciones; pero además vota a favor de un gobierno que lo entiende es de cambio, eso expresa una significativa postura en favor de un salto importante en el sentido de superar las políticas viejas, y adoptar otras sustancialmente nuevas. 

Es de esperar que ese gobierno actúe en consecuencia. 

Si no toma decisiones audaces que se correspondan con esos anhelos populares; que apunten al rompimiento, o como menos superar en algo importante lo anterior; entonces abre la posibilidad de que se repongan las ideas y fuerzas viejas. 

Cuando se desplaza del gobierno a las fuerzas viejas, hay que rematarlas una y otra vez, y otra vez. Sobre todo erosionando sus bases materiales de sustentación. 

Esto es más necesario si, como en el caso de Chile, las ideas y fuerzas viejas dominan el poder de los medios de comunicación y a través de estos pueden influir de manera importante en la conciencia colectiva. 

Era de esperar que el pueblo chileno votara a favor del texto de constitución que superaría la de Pinochet. Pero no. Mayoritariamente rechazó aquel texto, y, aunque sigue abierto un proceso de cambio constitucional, de momento sigue vigente la constitución aprobada por la dictadura pinochetista. 

El gobierno de  Boris y las fuerzas políticas y sociales que lo sustentan, tienen todavía la oportunidad de revertir el revés, y el principal componente de esta posibilidad descansa en medidas audaces de gobierno que favorezcan social y económicamente a las mayorías populares, y, por supuesto, quiten privilegios a las élites. 

Lo de Chile con sus particularidades, es un espejo para República Dominicana. Aquí el pueblo ha votado varias veces por un cambio, pero este se ha quedado una y otra vez en medidas cosméticas, y no ha ido al fondo, es decir, a cambiar el régimen político y de cosas, que ha hecho posible que las ideas y prácticas viejas pervivan y puedan cada vez volver a ser gobierno. 

Es el caso del cambio que una mayoría quiso expresara el presidente Luis Abinader, sobre los desastres de todo tipo de los gobiernos de las dos versiones del PLD. La de Danilo y también la de Leonel. 

Así que urge una opción política, que camine por lo popular, el progresismo y la izquierda, que supere la reelección del actual gobierno, y cierre el paso a las versiones del PLD.

Manuel Salazar

viernes, 2 de septiembre de 2022

Izquierda, derecha y unidad (2 de 2)

 Por Fortune Modeste Valerio 

Se debe propiciar un ambiente político, amplio y democrático, donde, esté, por supuesto, la izquierda. Y surgir con una propuesta progresista y democrática, sin ninguna vinculación con corruptos, ni los tradicionales insaciables de recursos públicos.

La batalla electoral, en América Latina y el Caribe, se ha convertido en una rivalidad entre dos grandes polos: izquierda y de derecha. Las políticas neoliberales y la corrupción administrativa de los gobiernos conservadores y mañosos, provocaron que la población y sus sectores sociales, ambientalistas, feministas, laborales, etc., hayan tomado las calles ante los abusos gubernamentales, llegando con fuerza, su ira, a los procesos electorales. 

Las experiencias de las luchas sociales, populares y minorías étnicas de Colombia, Perú, Chile, Ecuador y Honduras, son aleccionadores, si se toma en consideración, para aprender de ellas, las características e idiosincrasias de cada país. Es indudable que la visión regional ha experimentado un giro a la izquierda, colocando en apuros las influencias que ejerce el poder norteamericano.

No quiere decir, ni dejar entrever, que aquí ocurrirá lo mismo, ni nada parecido. El panorama dominicano es distinto, tiene otras connotaciones ligadas directamente a las actuaciones de los revolucionarios y al control ideológico y político que ejerce, en la sociedad, la clase y grupo de poder, bajo la hegemonía de los Estados Unidos de Norteamérica.

Desde la década del 60’ del siglo pasado, la izquierda ha rehusado a participar consecutivamente en los procesos electorales. Organizando y encabezando importantes jornadas de luchas políticas y reivindicativas, pero los resultados en materia de simpatías plebiscitarias, lo capitalizan otros, generalmente la derecha: el PRD, PRSC, PLD y ahora el PRM. No se ha tenido la preocupación por entender el valor de las elecciones capitalistas que se celebran periódicamente. 

El desconocer los procesos electorales es el resultado de tener una posición equivocada de un sistema capitalista atípico que impacta en la sociedad con sus deficiencias, atraso y agresividad. Pero hay más, trae consigo su estructura de gobierno, denominado “Democracia representativa” o la imposición de régimen de fuerza. Generalmente, la izquierda ha enfrentado a las dictaduras, ignorando la democracia. 

La izquierda, sin ningún impacto positivo, han hecho varios intentos tímidos en incursionar en los procesos electorales: con resultados desastrosos o apoyando a los partidos de la derecha. En ambos casos no han logrado articular un instrumento unitario, amplio, que junte a los que estén de acuerdo con participar en las elecciones. 

Nada permanece estático, evoluciona de manera constante y permanente, eso ocurre con las ideas políticas que se nutre de una realidad en movimiento, desnudando al más bonito. Ahora, la izquierda ha comprendido en su justo valor la participación en los procesos electorales como forma de ir avanzando hacia el poder. ¡Qué bueno!

A la izquierda le falta mucho camino por recorrer en relación con su participación en los procesos electorales. Deben de desligarse, si quiere calar en el corazón de la población, de cualquier vínculo con los partidos de la derecha, políticos corruptos, y actividades inmorales y falta de ética. Marcar la diferencia en un ambiente podrido que navega en forma desenfrenada por administrar los asuntos estatales. 

Se envía un mensaje equivocado a la población, cuando se camina de brazos con la derecha y corruptos; incrementando la incredulidad en el movimiento revolucionario, que aleja cualquier entendimiento duradero. 

Se presenta, otra vez, la oportunidad en el movimiento revolucionario de articular un instrumento político, amplio, progresista y democrático, que permita llegar a un Acuerdo Nacional con soluciones a los graves problemas nacionales que no ha permitido salir de las precarias condiciones de vida y de trabajo de la población. Y detener a una sociedad que va a la deriva, en forma acelerada. 

Sí, la izquierda puede empujar el carro de la democracia... ¡No la desperdiciemos de nuevo!

Fortune Modeste V.

 

 

 

 

 

Sobre el aumento salarial

Por Rafael Chaljub Mejía 

Aunque esa idea de don Pedro anula el papel del Ministerio de Trabajo y la responsabilidad del Estado, el referido Ministerio actuó con diligencia, convocó a las centrales sindicales y a la patronal a una reunión formal para el pasado miércoles. La patronal hizo caso omiso y no asistió a la cita.

La necesidad del aumento es tan urgente que hasta la cúpula empresarial la reconoce. El azote de la carestía, la reducción del salario real, los apuros en que se ven los trabajadores en medio de la presente ola inflacionaria y las perspectivas de que todos estos factores se sigan incrementando están demasiado a la vista. Aquí estamos ante la situación de siempre.

Salarios injustos y una cúpula empresarial cerrada a banda a la negociación. La realidad nos refiere a cuestiones que están en el fondo del debate. Primero, que los bajos salarios están dictados por el modelo que rige la economía dominicana.

Una economía hacia afuera, al servicio de la exportación y del turismo. Las zonas francas y todo inversionista extranjero demandan de salarios deprimidos y moneda nacional devaluada como dos de sus principales atractivos. El turismo requiere que sus dólares rindan a la hora de cambiarlos por pesos dominicanos.

Mientras tanto, esos mismos pesos devaluados son los que recibe el trabajador a cambio de su labor y como los costos de los bienes de consumo suben constantemente, la existencia se le vuelve más difícil a los asalariados. Pero la peor tragedia, es que los trabajadores no tienen capacidad de presión en favor de su salario ni de ninguna otra de sus reivindicaciones, porque no tienen organizaciones sindicales que lo representen.

El mismo modelo económico que crea pesos devaluados, impone a su vez la eliminación de cualquier forma de organización obrera. Aquí, con la tolerancia de todos los gobiernos, el presente incluido, la democracia se detiene en las puertas de las fábricas, la libertad sindical, el derecho de organización de los trabajadores hace tiempo fue cancelado y hablar de organización obrera en las industrias es exponerse al despido inapelable.

Entonces, vamos en favor del aumento salarial, pero conscientes de que cambiar ese modelo y conquistar la libertad sindical, son los mayores desafíos de la clase obrera y sus defensores.

Fuente: Sobre el aumento salarial (eldia.com.do)

Rafael Chaljub Mejía


jueves, 1 de septiembre de 2022

Notas simples sobre la táctica política revolucionaria

Por Francis Santana 

La táctica política constituye un conjunto de orientaciones y acciones que caracterizan la práctica de una fuerza política durante un período corto, por lo general, y que está influida por una cambiante situación de flujo o reflujo, es decir, de ascenso o descenso de la lucha de clases en un momento determinado.

 Toma muy en cuenta la correlación de las partes enfrentadas, y a la vez es dinámica en la misma medida en que cambia la realidad objetiva y subjetiva. Por lo tanto, la táctica siempre debe formularse a partir de cada situación concreta y particular, al tiempo que tiene que establecer con suficiente claridad los métodos y formas de lucha específicos a impulsar; así como los objetivos que nos proponemos alcanzar.

 Es competencia de la táctica, además, precisar las formas organizativas y los instrumentos necesarios para aplicar adecuada y exitosamente las orientaciones definidas. Y toda táctica política correctamente concebida, tiene que estar orientada en la dirección de avanzar hacia los objetivos estratégicos; claro, sin confundirla en ningún caso, con la estrategia política, pues la táctica se refiere a la política a implementar en cada situación y lucha particulares, mientras que la estrategia está referida a las cuestiones generales de mayor alcance, profundidad y de más largo plazo de un proceso revolucionario. 

En ese sentido, la táctica procura unir a la mayor cantidad de fuerzas, actores y sectores posibles para enfrentar y derrotar al blanco principal del momento, pudiendo incluir en esta unidad, a algunos que no son propiamente revolucionarios. Ejemplos de lo anterior, fueron las alianzas tácticas en la Guerra de Abril de 1965 contra la intervención yanqui, la que se produjo contra el fascismo en la Segunda Guerra Mundial y las alianzas que se han estado produciendo en América Latina entre fuerzas democráticas y de avanzada con organizaciones liberales e incluso conservadoras, para enfrentar a los partidos representantes de la dominación imperialista y del modelo neoliberal a través de la lucha de masas y los procesos electorales.

 Por eso, debemos entender que la táctica revolucionaria puede y debe aprovechar las fisuras y divisiones en el seno de las clases dominantes en una coyuntura específica, no para ponernos a la cola de un sector de las mismas, sino para atraer hacia una gran unidad bajo la dirección del movimiento democrático y revolucionario a sectores, organizaciones y gente en particular, que sin ser propiamente revolucionarios, pueden y deben ser parte del contingente que, unido, enfrente en un momento dado al enemigo principal empleando métodos de lucha comunes y actúe en procura de ejecutar un programa político de reformas y transformaciones definido de común acuerdo. 

Si determinadas organizaciones, partidos, movimientos políticos y personas (exceptuando narcotraficantes, traidores a la patria, torturadores, asesinos, corruptos, feminicidas, ecocidas y xenófobos) tienen una lectura común frente a una situación política, económica y social y al mismo tiempo establecen métodos, blancos de ataque, aliados y objetivos concretos a lograr, tienen las condiciones fundamentales para arribar a determinados acuerdos tácticos, aunque no coincidan respecto a sus grandes objetivos estratégicos. Porque un acuerdo táctico no tiene que partir de coincidencias estratégicas o de tipo ideológico. 

En otro aspecto, hay que entender, que una política táctica correcta, (que en todo caso debe ser elaborada posterior a un análisis y a un conocimiento de la realidad nacional y de los aspectos más relevantes de la situación internacional y de sus perspectivas) tiene que integrar a las masas populares a las luchas en los más diversos escenarios posibles, contribuir a que estas se unan y eleven sus niveles de conciencia, siempre enfocadas en la construcción y la toma del poder político; pues de lo contrario, todas las luchas quedarían en el marco del socialreformismo, que nunca llega más allá de conquistar algunas migajas en el marco del viejo orden de explotación. La táctica de las fuerzas democráticas y revolucionarias, requiere orientar, además, para que las masas se organicen, se coordinen y se eduquen, no en frío, sino para que en el fragor mismo de su resistencia puedan conocer quiénes son sus verdaderos amigos, a los vacilantes, colaboracionistas y al mismo tiempo, conocer, cuáles son sus verdaderos enemigos de clase. 

A la política táctica le corresponde definir las tareas más importantes de cada momento, tanto de las organizaciones revolucionarias, como las del movimiento de masas. En esto nunca debe haber confusión alguna e incluso hay que establecer con suficiente claridad, la cuestión relativa a la tarea central que corresponde a cada momento y cuales las tareas y acciones secundarias; así, como qué consigna política es la que mejor sintetiza nuestras políticas y la que mayormente se conecta con las aspiraciones de las mayorías. 

No entender las cuestiones a las que debe responder la táctica política revolucionaria en cada coyuntura, es lo mismo que estar haciendo política en base al activismo empírico y la improvisación, carentes de toda perspectiva de victoria y de vocación de poder político. 

Sugiero, muy modestamente, que hagamos los mayores esfuerzos posibles por conocer las tácticas políticas que guiaron victoriosamente los procesos revolucionarios de los distintos pueblos explotados y de las naciones oprimidas en los distintos momentos de la historia de la humanidad; no para copiarlos, sino para aprender de ellos de manera creadora, sin dogmatismo de ningún tipo y sin extrapolaciones arbitrarias. 

En materia de táctica política, tenemos que atrevernos a introducir serias y profundas rectificaciones. Esto es enteramente posible y necesario.

Francis Santana