Luis Mayobanex Rodríguez
Coordinador General Alianza País, NY.
Un espacio para difundir, compartir y debatir ideas políticas, económicas, históricas, sociales, etc. que contribuyan a crear una sociedad más justa. ¡La verdad es siempre revolucionaria!
Luis Mayobanex Rodríguez
Coordinador General Alianza País, NY.
Por: Francis Santana
Al conmemorarse en el día de hoy, 21 de diciembre, un aniversario más de la caída física de Manuel Aurelio Tavares Justo, es necesario y oportuno reflexionar sobre la trayectoria y el ejemplo de ese gigante de la lucha democrática y patriótica.
Bajo el terror y la
represión a que fue sometido nuestro pueblo por la dictadura trujillista,
Manolo se atrevió a fundar en la clandestinidad el Movimiento Revolucionario 14
de junio.
Esa organización desafió
la dictadura y levantó en lo más alto las banderas de la libertad y la lucha
anti-imperialista en todos los rincones del país.
En aquellos tiempos bajo
un régimen de horca y cuchillo, esa fue una odisea, un paso audaz que puso en
evidencia el temple de Manolo y sus compañeros y compañeras de lucha.
La respuesta de la
dictadura no tardó y los hombres y mujeres del 14 de Junio fueron perseguidos,
reprimidos y torturados en las cárceles, incluyendo al propio Manolo Tavares
quien en medio de la crueldad de la dictadura mantuvo una entereza de acero en
todas las circunstancias.
Luego de salir de la
cárcel, Manolo recorrió todo el territorio nacional construyendo el Movimiento
Revolucionario 14 de Junio, difundiendo las ideas democráticas y de liberación
nacional.
El trabajo constante y
consciente de él y sus compañeros/as, le granjearon unas extraordinarias
simpatías y un elevado respeto en toda la sociedad, principalmente en la
juventud y las mujeres de clase media.
Y el 14 de Junio en base
a extraordinarios y persistentes esfuerzo, se convirtió en la principal
organización política revolucionaria de aquella época, capaz de movilizar
amplias masas en la lucha política y social.
No es exagerado afirmar
que el Movimiento Revolucionario 14 de Junio se constituyó en la principal
fuerza política democrática y revolucionaria inmediatamente posterior a la
caída de Trujillo, y Manolo Tavares en el más trascendente líder revolucionario
del país.
El 20 de diciembre del
1962 se realizaron las primeras elecciones nacionales tras el ajusticiamiento
de Trujillo y el Movimiento Revolucionario 14 de Junio no participó en dichas
elecciones.
Valoro esa posición como
el primer gran error de Manolo y de la dirección política de su partido, lo que
desmovilizó sus tropas, muchas de las cuales fueron a votar y lo hicieron por
el PRD y su candidato presidencial, el profesor Juan Bosch, quien derrotó
ampliamente a Viriato Fiallo, candidato por la Unión Cívica Nacional respaldada
por la oligarquía y con las simpatías del gobierno de los Estados Unidos.
Cuando los sectores más
conservadores de las Fuerzas Armadas, las empresas extranjeras, la cúpula de la
iglesia y el gobierno norteamericano materializan el golpe de Estado contra el
gobierno de Bosch el 25 de septiembre de 1963, Manolo y su partido (que habían
advertido al gobierno del PRD sobre los planes golpistas de la oligarquía)
denuncian y condenan dicho golpe e inician los preparativos para iniciar la
lucha armada guerrillera.
Es así como el 28 de
noviembre del 1963, a los dos meses y tres días del golpe de Estado, el
Movimiento Revolucionario 14 de Junio se levanta en armas en seis frentes
guerrilleros en las escarpadas montañas de Quisqueya, en el Norte, Sur y en el
Este del país.
Esa acción, cargada de
los sentimientos revolucionarios más puros y heroísmo, pero además de todo tipo
de improvisación y carente de una verdadera preparación integral para la misma,
terminó en un fracaso rotundo y con el vil fusilamiento de Manolo y un grupo de
sus compañeros un día como hoy 21 de diciembre de 1963 a menos de un mes de
haberse iniciado el levantamiento guerrillero.
Este fue el segundo y
más grave error cometido por Manolo y la dirección de su partido.
Hay que tomar muy en
cuenta al referirnos a esos acontecimientos, que todo el movimiento
revolucionario en América Latina y El Caribe estaba influido predominantemente
por el ejemplo del triunfo de la revolución cubana en 1959 mediante la lucha
guerrillera en las montañas y esa influencia fue determinante para que el 14 de
Junio y su máximo líder tomaran la precipitada determinación de levantarse en
armas demandando el retorno del gobierno del Profesor Juan Bosch y del PRD, sin
existir en el país una situación que garantizara la integración del pueblo a
esa lucha.
Porque de una vez y para
siempre debemos entender que las revoluciones no las hacen los partidos, ni los
líderes; que estas siempre han sido y serán obra de la integración masiva del
pueblo; claro, contando con una acertada conducción de vanguardia y de sólidos
liderazgos.
Pero la caída de Manolo
al frente de sus hombres no palidece de ninguna manera su grandeza, su temple y
su firme determinación de hacer corresponder sus palabras con sus hechos; muy
al contrario lo que Manolo demostró es haber estado dispuesto a afrontar todos
los desafíos y sacrificios que fuesen necesarios en procura de alcanzar los
objetivos revolucionarios definidos.
Por eso, hoy al
conmemorar un aniversario más de la caída de Manolo y sus compañeros, debemos
saludar reverentemente su entrega total a favor de la independencia nacional y
el bienestar de las mayorías, al tiempo que aprendemos de sus éxitos y también
de sus errores, con todo el respeto y admiración que merecen todos los que se
atreven a ofrendar sus vidas por la causa en la que creen.
Que viva por siempre el
ejemplo y la grandeza de Manolo Tavares Justo y sus compañeros.
Gloria y reconocimiento
eterno a todos los combatientes de las guerrillas de 1963 e infinito respeto a
los que aún sobreviven de esa gesta inmortal.
Honremos a Manolo y a
todos sus compañeros, unificando las fuerzas patrióticas y democráticas de nuestra
patria para hacer la revolución de Liberación Nacional tomando seriamente en
cuanta la realidad de los actuales tiempos.
Podemos vencer...y
venceremos.
Por Fortune Modeste Valerio
De mi parte, estoy satisfecho del deber cumplido. Hice todo lo posible en contribuir a mantener encendida la chispa de la unidad, en las redes sociales, y sostener conversaciones unitarias con dirigentes y militantes de la izquierda y el progresismo. Hasta tal punto que la misma es la comidilla en los círculos revolucionarios y progresistas. Lo que era imposible plantearlo, por las malas experiencias acumuladas, ahora es el tema obligado en abordarlo.
El tema de la unidad aglutinó a decenas de revolucionarios y progresistas que no están organizados en entidades partidarias. Se convirtieron en fuerza determinante, con poder de convocatoria e influencias en las plataformas cibernéticas. Llegando a ser tomado en cuenta por la cúpula de las organizaciones de izquierda.
El trabajo se hizo con esmero, abnegación y esperanza. Esperando, siempre, la reacción positiva de los dirigentes encargados de dirigir el movimiento revolucionario. Hasta ahora, todo se ha quedado en artículos y comentarios en las redes sociales, intentos frustrados y posiciones divisionistas, muy lamentables.
El desaliento, en ocasiones, ha tocado la puerta de los revolucionarios inorgánicos, sin partidos, llegando al extremo de intentar aglutinarse para presionar a la cúpula dirigencial partidaria, a dar los pasos tangibles, sin trucos de cámaras, que concretice el inicio del proceso unitario que culmine con la formación de un instrumento político conjunto; y enfrentar los desafíos del presente y el futuro.
A pesar de todo, hay tiempo para no dejar caer el asunto de la unidad. Y que mejor en esta Navidad, días de fiestas, compartir en reflexión permanente acerca de los desaciertos, dificultades y conductas inapropiadas que alejan el acercamiento sincero de los revolucionarios y progresistas, esperado por un amplio sector de la sociedad.
Son muy solidarios, contentos y felices con el avance del movimiento revolucionario y progresista en América Latina y el Caribe. Sin embargo, mantienen una posición divisionista, arrogante, muy bien disimulada, y sectaria, cuando se trata de tocar el asunto de la unidad entre los dominicanos. Un comportamiento que no se corresponde con la corriente política que camina triunfante en toda la región.
Los revolucionarios latinoamericanos y caribeños se unen, porque presentan debilidades parecidas a las nuestras, y consideran imperiosa la necesidad de unidad, tener vocación de poder, para sumar fuerzas. Eso sí, se ponen de acuerdo en los aspectos programáticos y relativos a las candidaturas; para profundizar el proceso democrático que mejore las condiciones de vida y trabajo de la población.
La unidad no es tan difícil, eliminando los escollos, no obstante las amargas experiencias registradas. Las debilidades son evidentes, para continuar inventando. A esta altura del juego no es justo seguir repitiendo las posiciones ideo-políticas que han provocado terribles daños al movimiento revolucionario. Urge la unidad.
No es de revolucionarios aplaudir acciones políticas
unitarias en otros países, y aquí, República Dominicana, se actúa en forma
contraria, obstaculizando las mismas. Se practica con el ejemplo, si se quiere
ser coherente. La unificación programática y de acción de la izquierda, los
progresistas y demócratas, es una necesidad nacional.
Por Baraguá
En la hermana Cuba, el pasado 2 de noviembre celebraron el 61 aniversario de lo que hoy son las escuelas de cuadros del Partido. Aquí, en el Estado español, los y las revolucionarias aún no tenemos un Partido Comunista fuerte que aglutine y conduzca la lucha y el anhelo de construir una revolución socialista. Y es obvio que, si no tenemos Partido, tampoco tenemos escuela para formar a sus cuadros. Por pura lógica, todo esto propicia que, en definitiva, tampoco tengamos revolución ni se la vislumbre.
En esta cárcel de naciones que es este engendro que llamamos
España, aún andamos derrochando esfuerzos en saber qué “nombre” con “apellido”
comunista es el más auténtico. La palabra comunista aparece en demasiados
partidos, movimientos, grupos etc, pero nada se concreta con ellos, entre ellos
ni sin ellos.
El proletariado, en un porcentaje muy elevado, carece de cultura
política. Por eso, cuando se mueve, muy a menudo lo hace en dirección contraria
a sus propios intereses. El proletariado está huérfano de una dirección que le
motive y le convenza. Y esto, por supuesto, es aprovechado por el enemigo de
clase, que obtiene resultados altamente satisfactorios.
La unidad, imprescindible, hoy es una quimera. Mientras tanto,
la oligarquía con sus agentes al frente de las instituciones burguesas, con sus
brazos armados (que para mayor humillación los costeamos los y las
trabajadoras), así como con el enfermizo e insultante apoyo de la
socialdemocracia, vive en constante regocijo.
Esto también entra dentro de la lógica: con nuestra inoperancia,
los y las que pertenecemos a la clase obrera se lo ponemos en bandeja. ¿Hasta
cuándo? ¿Cuánto tiempo más tenemos que aguantar las humillaciones a las que
todos los días nos someten los enemigos de clase?
Sin un Partido Comunista (UNO SÓLO) que aglutine y
conduzca al proletariado, la revolución socialista siempre será una quimera.
Por Ángel Cappa (*)
Soy
de izquierda porque soy anticapitalista. Porque entiendo que el capitalismo es
un sistema profundamente injusto, que genera desigualdades inaceptables, que
destruye la naturaleza, que tiene al dinero como único dios verdadero, que
desprecia la vida humana en razón del beneficio económico, que es incompatible
con la democracia; donde una minoría de superricos se aprovecha del esfuerzo de
la mayoría, que utiliza la violencia para imponer su dominio y reprimir a
quienes se atreven a combatirlo. Que roba nuestros bienes comunes, como la
sanidad, la educación, la cultura, los servicios sociales, el deporte.
Soy
de izquierda porque quiero cambiar este sistema de vida por otro que sea justo
y realmente democrático.
Soy
de izquierda porque entiendo que esa tarea social y política no es de los
políticos, solamente, sino de todos los que nos oponemos al capitalismo.
Soy
de izquierda porque me ofenden los políticos que dicen gobernar o actuar para
nosotros, que dicen representarnos. No quiero que nadie haga nada por nosotros,
sino con nosotros, que nadie nos represente sino que nos obedezcan, o sea que,
si gobiernan, manden obedeciendo.
Soy
de izquierda porque quiero tener mi propia visión de la realidad y no la que
machaconamente tratan de inculcarme los medios de (in)comunicación.
Soy
de izquierda porque sé que “siempre habrá un orden que desordenar”, como dice
Benedetti en un poema.
Es
decir porque sé que no somos, sino que estamos siendo y que nunca terminamos de
ser.
Soy
de izquierda porque no concibo la educación que no forme personas críticas,
rebeldes, que no ayude a pensar, a descubrir, a respetar al otro como tal, que
no fomente la solidaridad y que no reniegue del individualismo, del egoísmo.
Soy
de izquierda porque para mí, la libertad de cada uno no termina donde empieza
la libertad del otro, sino que empieza con la libertad de los demás. Porque no
soy libre si no lo son todos los demás.
Soy
de izquierda porque me indignan los que convierten o quieren convertir la
sanidad en un negocio privado.
Porque
las multinacionales nos han robado el fútbol que tanto quiero, le han
traspasado sus valores empresariales y negado la importancia vital del juego,
para respetar solo el resultado.
Soy
de izquierda porque no soporto a los que dicen “¿qué vamos a hacer?, esto es lo
que hay” y se conforman con maquillar un poco la brutalidad del sistema.
Soy
de izquierda porque no concibo otro rey que no sea el pueblo soberano. Ni otro
poder que el de ese mismo pueblo.
Porque
sé que sin justicia no hay paz y sin igualdad no hay democracia.
Soy
de izquierda porque pienso que la militancia en los barrios, en las fábricas,
en la universidad, en la calle, es el mejor modo de crear conciencia de clase y
luchar por nuestra dignidad.
En
fin, soy de izquierda porque no me resigno ni me conformo.
(*)
Exfutbolista, exentrenador, comentarista y escritor argentino.
FUENTE: Por qué soy de izquierda - Semanario Voz
Por Atilio A. Boron
La aplastante victoria de Xiomara Castro en las elecciones presidenciales de Honduras pone un broche de oro a un mes políticamente excepcional de Nuestra América.
Queda aún pendiente el balotaje chileno, pero el triunfo de la candidata de LIBRE tiene un relieve y una trascendencia que excede con creces el ámbito centroamericano y se proyecta a escala continental.
Su hazaña fue el premio a doce duros años de militancia en los cuales ella y su marido, el derrocado ex presidente Manuel “Mel” Zelaya, militaron incansablemente para construir una alternativa a las marionetas que Washington se las ingenió para imponer en Honduras luego de la destitución de Zelaya, el 28 de Junio de 2009.
Este fue el primer “golpe blando o institucional” que el gobierno de Estados Unidos puso en práctica en la región y, tal vez, la partida de nacimiento del Lawfare como práctica destituyente y de persecución política.
Desde entonces se utiliza para proscribir -o por lo menos obstaculizar- la presencia de líderes populares en Latinoamérica.
En 2012 la víctima fue Fernando Lugo en Paraguay y en 2016 Dilma Rousseff. Muchos otros y otras son víctimas de esa nefasta invención norteamericana: Lula, Evo, Correa, Cristina, Glas, Rivadeneira, Patiño, etc, y la lista no es exhaustiva.
No fue casual que en ambos países –Paraguay y Brasil- y en esos precisos momentos la embajadora de Estados Unidos fuese la misma: Liliana Ayalde.
¿El pecado de Zelaya?
Haber incorporado su país al ALBA, fortalecido los vínculos con la Venezuela bolivariana y pretender consultar a la ciudadanía si quería o no que se convocara a una asamblea constitucional.
Lo que siguió fue una tenaz resistencia de Zelaya y Xiomara, luego el exilio y después una implacable persecución, mientras el país se convertía en un páramo sumido en la pobreza y la violencia. Washington impuso, mediante elecciones fraudulentas a dos peones: Porfirio Lobo Sosa y Juan Orlando Hernández, el hipercorrupto -según la Justicia de Estados Unidos y la opinión de las segundas líneas del Departamento de Estado- pese a lo cual Barack Obama, Donald Trump y Joe Biden siguieron admitiéndolo como uno de los líderes democráticos de la región.
Más de una treintena de muertos en protestas populares jalonaron la re-elección de Hernández a la presidencia en 2017. Parece que Almagro no se enteró; tampoco lo hicieron sus amos en Washington. Pero Xiomara no aflojó en su lucha.
Así las cosas hoy adquiere el mérito histórico de haber barrido con un aluvión de votos a la mafia política enquistada en Honduras con la bendición de la Casa Blanca.
Y lo hizo en las elecciones con la mayor tasa de participación de la historia hondureña (unos tres millones y medio de votantes) que la convirtieron en la presidenta más votada de su país y, además, en la que atrajo a las urnas al desencantado voto juvenil, unos dos millones en total.
Su arrollador avance liquidó también, ojalá que para siempre, el arcaico bipartidismo liberal-conservador que todavía agobia a Colombia, y puso fin a uno de los narcogobiernos más descarados de Latinoamérica y el Caribe, sostenido contra viento y marea por sucesivos presidentes norteamericanos.
Amanece en Honduras, lo cual no es poca cosa.
Mel ha sido reivindicado por su compañera de toda la vida; y ella, Xiomara, demostró poseer un talento y unas agallas –sí, “agallas”, porque sin ellas no se puede hacer política- que la convierten en una referencia insoslayable en los nuevos vientos que están barriendo la región.
Como latinoamericano
sólo puedo hacerle llegar mi más emocionado agradecimiento por su épica
batalla.
Fuente: 🗞. Xiomara Castro inaugura una nueva era - fortymodeste@gmail.com - Gmail (google.com)