lunes, 7 de agosto de 2023

El cambio de nombre de MPD a PCT

Por Rafael Chaljub Mejía


(A propósito del 43 aniversario, un relato muy personal e incompleto, sobre un episodio de la fundación del partido. Como lectura de fin semana.)

 

Desde que se comprendió la necesidad de fundar un nuevo partido, se hizo indispensable abordar la tarea del cambio de nombre, de separarnos del nombre del Movimiento Popular Dominicano –MPD-y adoptar una denominación distinta, más acorde con la naturaleza del partido comunista que nos disponíamos a construir.


Un asunto de forma y no de principio, pero en el caso nuestro las cosas no resultaban tan sencillas. Por su trayectoria de lucha, el heroísmo y el martirio que siempre habían marcado su existencia, el MPD, su nombre, sus símbolos, su bandera, sus mártires, aquella valiente e indomable formación política generaba un fuerte sentimiento de adhesión en sus militantes y seguidores.


El enemigo anheló siempre destruir al MPD, y los hombres y mujeres emepedeístas defendieron con una tenacidad heroica la existencia de su querida organización. Desde la desaparición del fundador histórico del partido, Pablo Antonio Martínez a manos de esbirros de la dictadura de Fulgencio Batista en Cuba en 1958; luego, las persecuciones y asesinatos de la dictadura trujillista, desde que, con Máximo López Molina a la cabeza, el MPD vino al país el 4 de junio de 1960. Más adelante, los caídos durante la guerra de abril de 1965 y, desde 1966, las embestidas sangrientas del régimen balaguerista de los doce años.


Los hombres y mujeres del partido asumieron el reto y defendieron el derecho a la existencia de su organización. Muchas veces al precio de la propia sangre, y se sabe que en las paredes inmundas de alguna celda solitaria, donde algún camarada esperaba la muerte, quedaron los testimonios escritos de que hasta el último instante los que iban al martirio llevaban con valor y con amor al MPD en la conciencia.


Nosotros, los del núcleo que en las filas del MPD se habían unido en torno a nuevas concepciones de partido, veníamos de esa historia de defensa militante del viejo partido. Contra la represión, contra los ataques de grupos políticos adversos, también en las luchas internas que más de una vez terminaron en divisiones. En una de esas divisiones el nombre del MPD había quedado en disputa, nosotros que reclamábamos la representación legítima y otra fracción que reclamaba lo mismo. 


Entonces, en medio de todas estas circunstancias, no era cosa tan simple, abordar la separación del nombre del MPD. Estábamos convencidos de la imperiosa necesidad del nuevo partido, en abril de 1979 se inauguró la Escuela José Stalin, por la cual pasó toda o casi toda la militancia de entonces, a estudiar un curso que se agotaba en dos fines semanas completos, con un tema único: El Partido Comunista. 


Tomó nuevo impulso el proceso de balance y revisión crítica y autocrítica y el esfuerzo por la definición del nuevo concepto de partido, pero el apego, en muchos casos casi romántico, al nombre, la bandera, los símbolos del MPD, seguía pesando mucho en numerosos camaradas.


La educación era el remedio y uno de los recursos más efectivos que utilizamos fue la reproducción del célebre artículo de Lenin Sobre el Cambio de nombre del Partido Obrero Social Demócrata Ruso a Partido Comunista (Bolchevique) de la Unión Soviética (PCUS).


Un año después de la apertura de la Escuela, estaban dadas las condiciones básicas para la fundación del nuevo partido, la separación definitiva y para siempre del nombre del MPD y la adopción de una denominación científicamente distinta.


Surgieron numerosas propuestas y, a las puertas de la Conferencia Nacional de Cuadros Otto Morales, dos de ellas lucían ser las que más respaldo tenían. Partido Comunista de los Trabajadores y Partido Comunista del Trabajo.


Éramos tan solo diecinueve cuadros, procedentes de las diversas regiones del país. Los documentos básicos estaban a tono con la concepción leninista staliniana de partido, a la cual estábamos conscientemente adheridos, la elección del Comité Central y del Secretario General no hicieron más que confirmar lo que el proceso mismo había venido demostrando y se resolvieron sin mayor discusión. El cambio de nombre del periódico tampoco fue tema de largos debates ni controversias. Lo del nuevo nombre del partido, en cambio, dio origen a muchos intercambios bilaterales entre los delegados, hasta que temprano en la tarde del 20 de junio de 1980, fue adoptado a unanimidad, el nombre que nos cobija desde entonces y bajo el cual, quien éstas líneas escribe, espera morir sin deshonrarlo.


Algo anecdótico. Ocurrió que el camarada Onelio Espaillat, símbolo histórico del emepedeísmo, tenía un cariño casi romántico al nombre del viejo partido. Fue persuadido y cuando se convenció de la pertinencia del cambio, la asumió con determinación y la defendió públicamente. Él propuso un nuevo nombre: Partido Obrero Dominicano –POD-, una bandera negra con una estrella roja en el centro. Le expresé mi discrepancia, pero le aconsejé que mantuviera su propuesta y él la llevó hasta el final. 


En la Conferencia, dio un nuevo ejemplo de respeto a la voluntad de la mayoría y cuando terminó la votación, él, que estaba a mi lado en la mesa presidencial, tomó el pedazo de cartulina en que había dibujado la imagen de su propuesta, la rompió a la vista de todos, sumó su voto personal a los de sus compañeros y comentó con gesto muy solemne: Pues, que viva el Partido Comunista del Trabajo –PCT-.


Y una idea final. Aquella separación del nombre del MPD no fue un acto mecánico, una deserción, ni una negación arbitraria. Primó desde entonces la voluntad de respetar a aquellos compañeros que, desde su corazón y su conciencia, quisieran seguir reivindicando el nombre y los símbolos del viejo partido y seguir militando en ellos. Ese derecho siempre ha sido y será respetado.


Nosotros ejercimos el nuestro, rompimos con un pasado al que, según nuestro concepto, no debía dársele continuidad, pero mantuvimos y hemos procurado mantener la indeclinable lealtad a la mejor herencia y los mejores valores que el MPD, con su bandera rojinegra, cultivara al precio de sangre, sudor y lágrimas.


A mí me correspondió pronunciar las palabras centrales del acto público del 23 de noviembre de 1980, en el cual fue presentado el nuevo partido con su nuevo nombre. Quise resumir la esencia de aquel paso cuando dije, palabras más o menos: De la anterior bandera descartamos la franja negra de sus errores y nos quedamos con el rojo púrpura de sus glorias.



Rafael Chaljub Mejía

 

domingo, 6 de agosto de 2023

La maltrecha democracia que nos gastamos

 Por Fortune Modeste Valerio 

En el sistema capitalista la democracia está íntimamente ligada con el grado de desarrollo y crecimiento del modo de producción de bienes y servicios. En los países subdesarrollados, dependientes y pobres, la mentada, como se le llama a la democracia, es una quimera que comparte su espacio con la dictadura que, siempre se encuentra al acecho.

Tanto en democracia como en dictadura, los procesos históricos, económicos, políticos y sociales no se detienen; puede variar su consolidación por factores internos o externos, alterando el nivel de vida y de trabajo del país y del sistema democrático. Las pugnas entre los grupos burgueses, oligárquicos y militares retrasan su estabilidad. Pero también, la imposición del poder extranjero es demoledor, perturbador para su existencia. 

Después de la férrea y sangrienta dictadura de Trujillo, la naciente democracia dominicana sufrió un duro golpe al ser derrocado, el 25 de septiembre del 1963, el gobierno presidido por el profesor Juan Bosch. El poder norteamericano, en alianza con sectores oligárquicos y militares, propiciaron y ejecutaron el derrocamiento de una frágil y maltrecha democracia. 

El pueblo dominicano ha luchado sin descanso por el establecimiento de la democracia. Sus batallas recientes se remontan a la Revolución de abril de 1965, cuando se intentó restaurar el gobierno derrocado del profesor Juan Bosch y su Constitución del 1963.  Pero además, se enfrentó los periodos gubernamentales de los sangrientos doce años de la dictadura yanquis balaguerista; llamado así, como un cliché, porque el doctor Balaguer fue impuesto por el poder norteamericano. 

La lucha por la democracia ha sido el anhelo más sentido del pueblo dominicano. Y los sacrificados, por el llamado de la historia, corresponden a los hombres y mujeres de la izquierda. Fertilizaron con su sangre, la tierra por la cual circula un proceso democrático que no es comprendido a cabalidad, y, cada vez, se pierde la oportunidad de una vía posible hacia el poder. 

Para que una democracia funcione, como debe ser, el sistema político tiene que defender la soberanía del pueblo y el derecho de este a elegir y controlar a sus gobernantes, tiene que existir un procedimiento democrático, confiable e incorruptible, donde la población pueda escoger en libertad, sufragio universal, libre y secreto, a sus mandatarios. El mamotreto electoral que nos rige es un adefesio confeso; pero no justifica aislarse y abandonar el terreno de competencia, aunque sea desigual. 

La desigualdad es común y corriente en una sociedad dividida en clases sociales. El poder político, económico, social y militar, es ejercido por la fuerza que ejerce la clase o grupo dominante, gobernante. Los procesos electorales en el capitalismo son para consolidar la hegemonía del capital; pensar lo contrario, es estar soñando despierto. Se podrá "tocar" sus intereses cuando atente la existencia de la vida y por la preservación de la patria.

Entonces, ¿qué se busca? América Latina se ha convertido en una batalla electoral entre la izquierda y el progresismo Vs. derecha y ultraderecha. Se pretende seguir derrotándolos y avanzar hacia otros escenarios beneficiosos a los fines estratégicos.

Participar en democracia es una obligación sin discusión alguna. Levantar argumentos pueriles y ridículos para no incursionar en ella, contribuyen a no salir del marasmo histórico que obstaculiza el avance de la izquierda. La nuestra, la mentada, es tan corrupta y desigual como otras de América Latina, el Caribe, donde es derrotada por una ola progresista, indetenible, magistralmente dirigida y organizada. 

La derecha, ultraderecha y políticos corruptos participan en democracia, proceso electoral, con sólidos partidos para alternarse el poder. No pierden tiempo en repartirse el escenario con alianzas, transfuguismo y zancadillas de todo tipo. La izquierda y el progresismo, llegarán divididos, como siempre, con una debilidad organizativa y de liderazgo que no le permite contactar, con éxito, con la población votante. Acorralados, buscan la manera de salir del charco.

Fortune Modeste V.

viernes, 4 de agosto de 2023

El Movimiento Caamañista -MC enjucia tres años de gobierno de Abinader y comicios del 2024

En un extenso MANIFIESTO titulado “HAY QUE CAMBIARLO TODO ¡CAMBIAR EL SISTEMA!”, el Movimiento Caamañista-MC enjuició los tres años de gestión del presidente Abinader, definió las características de las votaciones programadas para el 2024, y propuso una ruta alternativa y una propuesta política transformadora.

“Estos han sido –afirmó- tres años de capitalismo voraz, de ominosas políticas privatizadoras y de neoliberalismo duro; acompañados de aguda crisis ambiental, proyectos mineros destructivos, altísima inseguridad ciudadana, abundantes violaciones de derechos y auge de la criminalidad; realidades agregadas al desastre mafioso, y también neoliberal, de los 20 años de gobierno del Partido de la Liberación Dominicana (PLD).” 

“Abinader y la oligarquía capitalista –agregó- tienen tres años restaurando y moderniando esta neo-colonia bajo la tutoría imperialista; impulsando a la vez el atraso cultural a ser plasmado en un Estado religioso, racista, pro-fascista, intervenido en múltiples vertientes por EEUU y con unas fuerzas armadas atadas al Comando Sur del Pentágono”

Respecto a los comicios programados para el 2024, el referido Manifiesto denuncia que “han sido estructurados, o para continuar con esta derecha conservadora, o para poner otra parecida, cuál de las dos peores”; valora que es así porque “la JCE, el sistema de partidos, la Embajada de EEUU, la narco-política, la oligarquía capitalista y sus grandes medios de comunicación están montando un mercado para la competencia entre fuerzas ultra-conservadoras, corruptas y corruptoras; un mercado plagado de no pocos candidatos que deberían estar en la cárcel por haberse enriquecido robándose las riquezas creadas por el pueblo y por nuestra hermosa naturaleza caribeña.”

El MC entiende que estas condiciones “la vía de los cambios necesarios no puede ser la vía institucional-electoral, porque el régimen actual se ha construido para que no pueda ser cambiado desde dentro”, en tanto el Congreso tiene el control monopólico de los cambios constitucionales y “esta institucionalidad al servicio de los peores intereses, no se va a sustituir a sí misma para a establecer un orden democrático bajo control del pueblo y la sociedad.

En ese contexto el MC considera necesario “quitarle el máximo posible de respaldo a las votaciones, ejerciendo el derecho a NO VOTAR.”; y entiende que las luchas por los cambios políticos necesarios “hay librarlas fundamentalmente en el territorio, en calles, plazas, centros de trabajo y de estudio, en ciudades y campos; acorralando las instituciones y debilitándolas hasta quebrarlas” … para abrirle cauces a las transformaciones estructurales.

Y “La crisis de gobernabilidad –subraya el MC en su reciente Manifiesto- para no caer en un vacío incierto, precisa de una propuesta política que pueda ser asumida dentro del torrente de luchas impulsadas por movimientos sociales combativos acompañados de las fuerzas políticas trasformadoras. La política debe dejar ser monopolio de los partidos y menos aún limitarse a lo electoral.

En consecuencia, entiende que esta situación “exige politizar las luchas de manera que estas asuman como demanda propia y fundamental un cambio constitucional profundo, que incluya que sus reclamos programáticos sean incluidos en una nueva constitución con contenido transformador, como lo fue la de 1963.

”El Manifiesto puesto en circulación enfatiza en “hay que ponerles punto final a las constituciones conservadoras, al Estado privatizador y corrompido, al sistema de partidos que genera partidocracia corruptora, a los gobiernos de los grandes empresarios, intervenidos y tutelados por EEUU, y al poder omnímodo del gran capital.”

Recalca a la vez que eso solo puede lograrse “cuando el pueblo, el único soberano, asuma la decisión de ser poder constituyente para resquebrajar y desplazar el poder el poder constituido y dar paso a la elección de una ASAMBLEA CONSTITUYENTE, independiente del Congreso y del Estado actual, con normas participativas abiertas a los movimientos sociales y fuerzas populares excluidas.  

Y finalmente precisa que estamos proponiendo una “Constituyente Soberana y Popular que debe ser impactada por un conjunto de propuestas programáticas y demandas de cambios estructurales a ser contemplados en la elaboración colectiva de la Nueva Constitución y en el diseño y construcción de una Nueva Institucionalidad, profundamente democrática.”

Esta nota informativa está firmada por Narciso Isa Conde, a nombre de la Coordinación Central del Movimiento Caamañista-MC.



miércoles, 2 de agosto de 2023

La división de las izquierdas ha sido la constante; la unidad es el desafío

 Por Francis Santana

Cuando hablamos políticamente de la izquierda dominicana, nos referimos a los partidos, organizaciones, movimientos y personas no organizadas en alguno de los proyectos de esta naturaleza, que se proponen materializar una revolución democrática de liberación nacional o que son partidarios de la instauración del sistema socialista en nuestro país.

La historia de esos proyectos en República Dominicana ha sido, además de su sacrificio, entrega y martirologio, la historia de su permanente fraccionamiento, sectarismo, desgarramiento entre sí y la de escindirse por las más difíciles diferencias de apreciación táctica.

Por ejemplo, luego de la guerra de abril de 1965, el otrora poderoso Movimiento Revolucionario 14 de Junio se desmembró, pariendo varias organizaciones de izquierda, con el pretexto de que la referida guerra no había triunfado porque no fue dirigida por un partido comunista y que por tal razón la tarea inmediata era dedicarse a construir ese destacamento de vanguardia del proletariado.

Es así como del 14 de Junio se desprenden varios grupos tras esos fines, mientras que una parte de los dirigente de aquella organización democrática y patriótica pasan directamente a integrarse a las filas del Movimiento Popular Dominicano (MPD) valorando que este era el partido comunista.

Otros formaron organizaciones marxistas-leninistas de cara a la fundación del partido del proletariado.

El 14 de Junio fue desarticulado y sus principales dirigentes y cuadros medios se lanzaron tras el propósito de crear el partido del proletariado para dirigir la revolución.

Pero ni en ese paso esos grupos de izquierda pudieron ponerse de acuerdo.

Una parte se estructura bajo la concepción de la revolución en dos etapas ininterrumpidas de revolución democrática de nuevo tipo y posterior socialista, otra lo hace postulando la lucha inmediata por el socialismo y como ya señalamos, un sector toma el camino de integrarse al MPD.

Posteriormente, esos grupos se dividen y subdividen permanentemente, como si compitieran respecto a cuál de ellos tuviese mayor capacidad para fraccionarse.

Pero más adelante y sin autocrítica alguna, una parte de los  que despedazaron el 14 de Junio, ante su incapacitad de conectarse con el pueblo y de construir organizaciones con influencia en las masas  y sin reales perspectivas de poder, se dispusieron entonces a crear diferentes organizaciones democráticas no comunistas como la Unión Patriótica, el Movimiento de Unidad y Cambio,  Nueva Esperanza, Nueva Alternativa, ALPAÍS y otras; pero que ninguna de ellas llegaron a ser ni una sombra de lo que fue el 14 de Junio de Manolo Tavárez.

Todos se dividieron y cuando hicieron algún esfuerzo por coordinarse o formar algún frente político como fueron los casos del Bloque de Izquierda Revolucionaria, el Frente de Izquierda Dominicana, La Unidad Revolucionaria Caamañista y La Unidad del Pueblo, entre otros esfuerzos unitarios, terminaron dividiéndose y distanciándose, muchas de las veces por diferencias tácticas.

Similarmente sucedió con los proyectos de fusión entre varias organizaciones de la izquierda.

Así encontramos que el Bloque Socialista, el Partido de los Trabajadores, Fuerza de la Revolución y ALPAÍS, que vivieron importantes experiencias de fusión, terminaron también dividiéndose. 

Esa carrera ilimitada e irracional de divisiones de las izquierdas ha tenido y tiene sus causas, de acuerdo a todos los que han analizado este tema, y es la permanente labor de infiltración de los organismos de seguridad del Estado neocolonial, a la predominante composición pequeñoburguesa de las direcciones políticas de los grupos de izquierda y a la baja formación política, ideológica, cultural y al seguidismo dogmático a determinadas corrientes políticas internacionales por parte de esas organizaciones.

Ha habido de todo eso y más, pero la gran verdad sobre este tema es que la propia izquierda no ha sido capaz de hacer un balance histórico y a fondo de su práctica política, balance del que pueda extraer las enseñanzas y orientar las rectificaciones imprescindibles que la encaminen en una dirección superadora de sus principales errores, limitaciones y desviaciones sin abandonar el camino revolucionario y sin convertirse en simples luchadores por reformas intrascendentes, sin ir a las raíces de los graves problemas del pueblo y nación dominicanos.

Fruto del sectarismo y las divisiones en la izquierda tuvimos una participación electoral en el 1982 asistiendo a dicho certamen con dos propuestas separadas: Unidad Socialista e Izquierda Unida, obteniendo ambas, exiguas votaciones.

Y qué decir de la candidatura del prestigioso dirigente popular Ramón Almánzar, que encontró una oposición extrema de una parte de la izquierda en las elecciones del año 2000. 

Hoy, que estamos frente a un nuevo proceso electoral, también encuentra a la izquierda totalmente fragmentada.

Una parte entiende incorrecto participar en dicho proceso con las leyes excluyentes y antidemocráticas que prevalecen en el país y que debemos privilegiar la lucha de calle por una Constituyente.

Pero el segmento democrático y de izquierda que se plantea participar en las elecciones está dividido entre quienes entienden que se debe concurrir a este proceso de manera independiente a todos los partidos de la derecha, posición sustentada por el Partido Patria para Todos y aliados y su candidato presidencial Fulgencio Severino, y quienes por otra parte consideran oportuno hacer acuerdos puntuales con algunos de los partidos de la derecha, preferiblemente con el partido de gobierno, posición defendida por el Frente Amplio y Alianza País.

Con estos niveles de división en la presente coyuntura, las oportunidades que tiene la izquierda para avanzar se limitan; pero es más que evidente que es mil veces recomendable participar en una alianza con las fuerzas y personas democráticas y de izquierda, a unirse en cualquier nivel con el partido de gobierno o con otros partidos de la derecha neoliberales, pues esto último en vez de contribuir a la acumulación de fuerzas, crearía más confusión e incertidumbre en las filas revolucionarias y en el pueblo en sentido general.

Importantes sectores del campo democrático de la nación cuestionan el viejo partidarismo de la derecha y a sus gobiernos, pero no encuentran una propuesta unitaria desde la izquierda.

Cuestionan con sobradas razones las conductas colaboracionistas de algunos grupos de izquierda y de “izquierda” con el presente gobierno, cuestión que se ha constituido en el mayor obstáculo para forjar un frente electoral de un impacto trascendente.

Es lamentable que existiendo grandes coincidencias de tipo programático y de participar en el proceso electoral acompañando simultáneamente a sectores sociales y comunidades en sus luchas, no hayamos sido capaces de vertebrar una unidad con la mayoría de las fuerzas políticas democráticas y de izquierda del país.

No obstante, debemos persistir en la promoción y en la imperiosa necesidad de unirnos, porque solo unidos nos situamos en condiciones y capacidad para atraer a lo mejor de la nación a transitar en la dirección de alcanzar el poder político, rescatar la soberanía plena de la nación y construir una sociedad en la que nuestro pueblo alcance los mayores niveles de bienestar.

Avancemos hacia un momento de inflexión del predominio del sectarismo y las divisiones de nuestra izquierda.

Apostemos a la unidad en la más amplia diversidad del campo popular y revolucionario.

Sin unidad, no es posible la victoria de la causa liberadora de la patria, ni la construcción de la nueva sociedad a la que aspiramos. 

Continuemos apostando a la unidad de la izquierda y de esta con el pueblo, siempre hasta la victoria y mucho más allá.

¡La división de las izquierdas ha sido la constante; su unidad es el gran desafío!

Francis Santana

lunes, 31 de julio de 2023

La debacle de la intelectualidad burguesa

Por Julio Disla 

 

Atraviesa la intelectualidad burguesa uno de sus peores momentos en decadencia. Sus máquinas de guerra ideológica se han esclerotizado y se refugian en argumentos filantrópicos e inverosímiles a la sombra de elementos barnizados con tecnologías.


Ya no les alcanzan las maromas silogísticas más recurrentes para esconder la lucha de clases. No podrán ocultar el crimen económico monumental durante la pandemia que enriqueció, como nunca, las arcas de las burguesías imperiales. No podrán esconder la bofetada lacerante contra el derecho básico a la alimentación, la vivienda la educación…la dignidad. Es inocultable la inmoralidad del capitalismo en un mundo despojado de infraestructura mínima para los pobres y con una industria militar creciendo con cifras récord.


En los sectores de la intelectualidad burguesa dirimen la invención de un “capitalismo humano”, un “capitalismo social”,” socialismo capitalismo” …que no cuadra en práctica alguna la aberración de sus sofismas.  Hoy, para sobrevivir ellos, solo cuentan con sus maquinitas apologistas, sus noticias falsas y algunos reformitas desvergonzados. La intelectualidad burguesa se le han agotado los argumentos para apagar el “incendio “de la emancipación.


Cada día se oculta menos el carácter criminal de los bloqueos que no son otra cosa que extorsión, saqueo, y marginación con premeditación, alevosía y ventaja…todas las agravantes indefendibles del propio “derecho burgués. 


En la debacle, la intelectualidad burguesa ha retrocedido a salto de los relojes de la historia y se han hundido en las contradicciones más cínicas. Los que se vendían o pavoneaban como “defensores de la democracia “hoy operan en defensa de las peores causas. Vargas Llosa abogando por Fujimori. En Argentina, España, Colombia…ahora tienen por candidatos políticos a lo peor de las farándulas mercantilizadas.


Ahora, más que nunca, se precisa de un proyecto humanista de nuevo tipo, para una nueva sociedad un nuevo partido, capaz de conformar una agenda revolucionaria preñada de valores y prácticas en lo cotidiano tanto como en los plazos largos. La urgencia nuestra es trabajar arduamente en la organización antisistema; la revolución de las comunicaciones y la semántica emancipadora; los mapas de la subjetividad y el desarrollo de métodos críticos superadores de las máquinas de guerra ideológica burguesas.


En suma, un programa humanista de nuevo tipo para la transformación de la realidad y la supresión del capitalismo. No caer en las emboscadas “reconciliatorias”, no tragarse el discurso de “igualdad” esgrimido por quienes nos explotan y nos marginan. No engañarse con la “igualdad de oportunidades “si no se garantiza la igualdad de condiciones. No sucumbir a los pregoneros del individualismo o del facilismo. Derrotar todo “supremacismo”, racismo y nazi-fascismo. Con la revolución todo, contra la revolución nada.


La bancarrota de la intelectualidad burguesa es, al mismo tiempo, una gran responsabilidad que nos compete y compromete a quienes creemos en un mejor mañana. Ellos harán lo imposible por esparcir confusión a diestra y siniestra. Ellos preferirán la mentira y la calumnia como campo de lucha enrarecido por la perpetuación de la sociedad capitalista y nosotros debemos impedir, a toda costa, que nos arrastren en su debable a una emboscada de la que salgamos debilitados o supeditados a su suerte.


Nuestra agenda debe ser profundizar la revolución del pensamiento y de la praxis. La salida es “ser cultos para ser libres” porque “por engaño nos han derrotado más que por la fuerza” y en la demora está el peligro. Nos urge la unidad de la inteligencia critica para la acción directa. La historia nos lo advierte. Vayamos a la sociedad; ahí está nuestra fuente de crecimiento.


Julio Disla

 

 

Los archivos de la infamia

Por Rafael Chaljub Mejía 

¿Pero cómo es posible que una patrulla policial intercepte y detenga a un ciudadano sin una orden motivada, escrita y suscrita por una autoridad judicial competente y sin haberlo sorprendido en flagrante delito?


A un ciudadano, no. A una persona de las cualidades del doctor Santiago Castro Ventura, médico reconocido, pasado presidente del Colegio Médico Dominicano, miembro de número de la Academia Dominicana de la Historia, profesor universitario, de vida pacífica y modesta, a quien, en vez de andársele atropellando, debiera rodeársele de las consideraciones que se le deben por sus méritos.


Castro fue detenido dos veces porque su identidad apareció en una computadora de la Policía marcada dizque con una raya roja, a causa de una ficha que se le hizo en el servicio secreto en 1972, por órdenes de Caonabo Reynoso, uno de los más despiadados esbirros de la dictadura balaguerista de los doce años.


¿Qué raya roja es esta? Y si eso pasa con Santiago Castro, que fue detenido una sola vez en una redada contra estudiantes universitarios, qué no podría ocurrir con aquellos a los cuales la Policía de los doce años les tejía una larga cadena de acusaciones criminales, pero sobrevivieron y hoy transitan por las calles creyéndose exentos de acusaciones, fichas, rayas rojas y apresamientos.


Además, un engaño ha quedado en evidencia. A la caída de la dictadura de los doce años en 1978, se promulgó una ley de amnistía que liberó los presos, desterrados y perseguidos políticos. Se nos dijo en una ocasión que las fichas policiales por motivos políticos habían sido destruidas, y esta detención, lo mismo que la del ex prisionero político Juan Bautista Castillo, ha demostrado que aquello fue mentira. Este pueblo fue engañado. Ahí están las viejas fichas, la Policía les da validez y seguimos fichados y expuestos a que nos marquen con un supuesto punto rojo y nos arresten.


Descarto de plano la idea de que todo forma parte de un plan del gobierno para reanudar la persecución política e implantar una dictadura. Ni las condiciones ni el pueblo lo permiten, ni el presidente Luis Abinader es hombre de eso. Por formación y por principio, es injusto asociarlo a semejante idea.


Pero, por eso mismo, es de esperar que sabrá tomar medidas radicales para evitar la repetición de casos como el que da base a este comentario. Aquí se conquistó la libertad política a un precio en sangre, sudor y lágrimas demasiado alto.


Las luchas históricas contra la tiranía de Trujillo, contra el Triunvirato, la ocupación militar de 1965 y contra la dictadura de los doce años, están registradas en la memoria de la gente. Si algo irrita y alborota a este pueblo es todo lo que se asemeje a persecución política y atropello como el que se ha cometido contra Santiago Castro.


Junto a mi protesta franca y sin duplicidades, sugiero que se cojan esos archivos siniestros y, como dice Acento en un juicioso editorial, se manden al Archivo General de la Nación. Entonces, digo yo, podrían servir de material de estudio para aquellos que alguna vez se decidan a escribir la historia del crimen político y de la infamia en nuestro país.



Rafael Chaljub Mejía