lunes, 26 de julio de 2021

LAS PERIPECIAS DE BLANCO PEÑA EN SAN FRANCISCO DE MACORÍS Y CÓMO SALVÓ LA VIDA EN UNA ESCALA DE SUERTE


A 56 años del intento de asalto en San Francisco de Macorís.

(El azar convertido en un Gato Barcino en la vida de Clemen)

Por Fidel Soto Castro

Llegó a San Francisco de Macorís bajo el nombre de Juan Díaz ( Guancho), con la leyenda de ser un mecánico para reparar una planta eléctrica en la casa- finca de la  madre de la viuda del héroe, coronel Rafael Tomás Fernández Domínguez; doña Arlette Fernández; Pero en verdad, Eligio Antonio Blanco Peña (Clemen) formaba parte del contingente de combatientes que participarían en el  asalto a la Fortaleza del Ejército y al Cuartel policial de San Francisco de Macorís, en el mes de junio del 1965.

En esa casa pernoctaría varias noches en espera, como sucedía con más de una veintena de hombres, "la hora señalada", para emprender las acciones militares que se habían propuestos. Aprovechó y efectivamente, arregló una planta eléctrica que estaba dañada en la casa de la señora. También se encontró con la sorpresa de que le encargaron de preparar una cantidad de fusiles  que se trasladaron desarmados, teniendo que armarlos todos. Aunque los dueños de la casa lo invitaron a dormir en una habitación se negó y dormía en  la rancheta que servía para secar  cacao. Allí se estacionó y acomodó con una Thompson durante los días previos al asalto.

SALVANDO LA VIDA DEL PRIMER INTENTO DE FUSILAMIENTO

Después de algunos días,  Jimmy Vargas llega a  avisarle que muy pronto empezarían los combates. De pronto se apareció una camioneta llena de guardias apresando a Jimmy, porque este era buscado por todas partes. Ya el movimiento había sido denunciado. Decían que buscaban a un hombre rana. En ese momento Blanco Peña no tenía la Thompson, porque habían tomado la precaución de trasladar las armas a un lugar más cercano al pueblo.

Al ver a Blanco, los guardias vociferaron aquí está el hombre rana. Lo amarran y el capitán del contingente ordena fusilarlo en un árbol que estaba detrás de los secaderos de cacao.

Ya cuando van a fusilarlo, la señora y varias mujeres de la casa le dicen a los guardias que el señor es un mecánico que fue a arreglar la planta eléctrica.  Y ahí entra la virtud heroica, firme y solidaria de Jimmy Vargas, quien declara que él ( Jimmy), sí es de los conjurados, pero que ese señor no es de su grupo y que no lo conoce. Que él  es constitucionalista y que pueden hacer con él lo que quieran. Arremeten a culatazos contra Jimmy.  Los guardias estaban dudando y un oficial le exigió a Clemen una demostración en la planta eléctrica. Como ya la había reparado, le explicó el funcionamiento y la prendía y la apagaba. Esto convenció a los guardias, pero todavía tenían ciertas dudas. De todas maneras su pericia con el generador, la actitud de las mujeres de la casa y la valentía de Jimmy, se conjugaron para que no fusilaran al supuesto hombre rana.

 EL SEGUNDO INTENTO DE FUSILAMIENTO

Lo amarran y lo llevan detenido en una camioneta Falcón a la Fortaleza, donde según los guardias esperaba el "Presidente" de la Junta de Reconstrucción Nacional, Antonio Imbert Barreras.

En el camino a la fortaleza se desata un torrencial aguacero. Se moja la ignición de la camioneta y  no pueden continuar la marcha. El oficial al mando,  mira a Clemen y le dices: "Ahora vamos a ver si es verdad que tú eres mecánico, porque si no te fusilamos aquí mismo". Todavía tenían dudas de que el prisionero no fuera un inocente mecánico, sino un peligroso comunista. Blanco no se inmutó. Con calma se puso a trabajar y para el asombro del oficial y los guardias, Blanco logró  reparar la camioneta. Con teatralidad, se explayó explicando lo que estaba haciendo: Que la ignición, que el Coi, que el Acelerador, que el Carburador. Limpió los Platinos y poniendo a chispear los cables de bujías, demostraba sus conocimientos de mecánicas. Se salvó nuestro comandante por segunda vez. El gato Barcino de su yo interior volvió a soltar una vida de las siete que tenía.

Al llegar a la fortaleza se encontró con un oficial llamado Papito Lajara Peña, quien al verlo en señal de protección le dijo para que todos escucharan :  "Seguro que tú estaba trabajando mecánica para acá." Asintiendo Clemen. Era una forma de ayudar al prisionero, porque ese oficial era el chófer de Imbert Barreras, pero también primo del prisionero.  En los interrogatorios Blanco mantuvo su excusa. Lo más doloroso fue que presenció por un agujero de la celda donde lo tenían; el fusilamiento de Pasito Polanco y de Jimmy Vargas. Escuchó cuando Jimmy le dijo a Perelló Soto ¡Sólo así puedes matarme, cobarde! ¡Buena mierda! Sin ninguna compasión le sacaron los ojos y lo acribillaron. Pasito, desafió al Coronel genocida. Le dijo: ¡Mátenme, coño que aquí no hay miedo, partidas de asesinos!

Como hemos visto en los relatos de Fidel Guzmán Soto, llegó una comisión internacional a San Francisco de Macorís, porque las atrocidades y crímenes denunciados por el gobierno del coronel Caamaño fueron tantos que la "Junta Imbertina", se vio obligada a permitir una investigación de los hechos. El oficial que interrogó a Blanco era un coronel que lo conocía y prácticamente dejó pasar ciertas cosas de maneras que no presentó hostilidad ante el prisionero, ni descubrió su verdadera identidad ante los verdugos, en protección del detenido.

TERCER INTENTO DE FUSILAMIENTO

Luego de los interrogatorios y de las entrevistas con los investigadores extranjeros, el alto mando de San Isidro, requirió llevar a los detenidos al Departamento de Transportación del Ejército Nacional ubicado en las inmediaciones del hospital Federico Lithgow Ceara y del Hipódromo Perla Antillana. Los trasladaban en un camión. Ulises Cerón,  que también estaba entre los apresados; expresó con preocupación que lo que más lamentaba era que cuando llegarán allí  los guardias reconocerían a Blanco Peña. Es que el comandante Clemen le dio buenas tundas a ese destacamento al principio de la contienda, así como durante la llamada "Operación Limpieza".

Efectivamente, Ulises Cerón tenía razón. Desde que llegaron, un grupo de guardias con algarabía desenfrenada, empezaron a llamar la atención sobre ese joven mecánico que desde el Comando "La Javilla" o "Sierra Maestra" lo habían desplazado, haciéndolos correr a tiros limpios. Entre ellos se encontraban algunos que fueron desarmados por Clemen. Decían: "este lo vamos a fusilar ahora mismo".

Lo llevaron al patio y ya se aprestaban a matar a Clemen. Este, con altivez, soltó una arenga: "Sepan que van a matar a un hombre que lo único que ha hecho es defender a su patria con honor y que no le temo a la muerte, porque sé que he cumplido con mi deber como hijo del pueblo dominicano. Ustedes mismos son testigos de que lo desarmé y no lo maltraté ni lo maté". La voz portentosa se dejaba escuchar y llegó el coronel  Beras Toribio, del ejército y preguntó que cómo iban a fusilar a ese hombre. Que esos guardias eran unos cobardes que se dejaron desarmar. Que el prisionero sería conducido a la victoria. Volvió el gato Barcino a circular por los alrededores de la vida de Clemen.

De ahí para la cárcel de la Victoria. En la que desde el año 66 hasta el 78 estaría visitando constantemente  como prisionero político. La última vez duraría 7 años. 

Arribando a los 90 años Eligio Antonio Blanco Peña (Clemen, el Pai y otros de sus nombres de la clandestinidad), mantiene la fuerza, el vigor y los ideales de los Coroneles Fernández Domínguez  y Francis Caamaño.

23-07-21.

Fidel Castro y Eligio Blanco Peña

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