lunes, 10 de agosto de 2020

VACUNAS Y REMEDIOS

 Por Narciso Isa Conde

Las corporaciones farmacéuticas están en la cúspide del imperialismo, compitiendo con las más poderosas transnacionales. Tienen un enorme peso en riqueza y poder dentro de la facción “globalista” de la burguesía transnacional.

La COVID 19 y sus recientes antecesoras -montadas sobre la pandemia del gran capital-, entre sus tenebrosas maldades, ha tenido la virtud de sacar a flote el pus mas soterrado del sistema global de salud: los asaltos enmascarados de las grandes empresas privadas a espacios aparentemente públicos o interestatales, junto al tráfico de influencia en sus entrañas. La OMS no ha escapado a esa embestida.

Hoy, por ejemplo, se conoce mejor el rol del magnate Bill Gates, dueño de MICROSOFT, quien financia el 90% del Programa de Medicamentos de la ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE LA SALUD-OMS; mientras que el 80% de su presupuesto está financiando con donaciones privadas canalizadas a través de la FUNDACIÓN BILL Y MELINDA GATES.

La denuncia proviene del economista español Germán Velázquez, ex –funcionario por 20 años de la OMS, refrescada por el periódico digital REBELIÓN en un artículo de Jorge Santa Cruz que muestra como Gates, junto a otros magnates, predominan en la privatización de la OMS; influyendo en compras de medicamentos y equipos, en diseño de protocolos y en otras decisiones claves, sobre todo en materia fabricación y ventas de vacunas en tiempos de pandemias.

El tema de la vacuna sigue tomando preeminencia en los pronunciamientos de la OMS, en un contexto en el que a ésta se le pone un enorme empeño comercial que contrasta con el predominio del desprecio a previsiones y remedios por fases; lo que indica que el negocio supremo ambicionado es la venta de vacunas y las vacunaciones periódicas en un planeta con una clientela  de 7 mil millones de habitantes amenazados por esta tragedia. En muchos casos la OMS hará de intermediaria en las compras entre países  como RD y fabricantes de las mismas.

En materia de prevención y remedios –además de no dedicar los recursos y esfuerzos que  el tema merece- abunda ese cruel desprecio a programas de fortalecimiento del sistema inmunológico, absurdas obstrucciones a medicamentos y procedimientos de la medicina natural-alternativa (y de la propia convencional), tales como agua de mar, alimentación apropiada, ozono, dióxido de cloro, ivermectina, peróxido de hidrógeno, interferon-alfa R (cubano)…, que  han mostrado eficacia, o para protegernos de la infección, o para detener tempranamente avances de la enfermedad y desenlaces fatales. La súper-ganancias por encima de todo. ¡Hay si China y Rusia lograran la vacuna antes y gratis!


EN EL 117 ANIVERSARIO DEL FALLECIMIENTO DEL MAESTRO, EUGENIO MARÍA DE HOSTOS. JUAN BOSCH: ¡MI ENCUENTRO CON HOSTOS!


 JUAN BOSCH: MI ENCUENTRO CON HOSTOS

 

“El hecho más importante de mi vida hasta poco antes de cumplir 29 años fue mi encuentro con Eugenio María de Hostos, que tenía entonces casi 35 años de muerto. El encuentro se debía al azar; pues, buscando trabajo, lo halle como supervisor del traslado a maquinilla de todos los originales de aquel maestro de excepción… (…)

 

Eugenio María de Hostos, que llevaba 35 años sepultado en la tierra dominicana, apareció vivo ante mí a través de su obra, de sus cartas, de papeles, que iban revelándome día tras día su intimidad; de manera que tuve la fortuna de vivir en la entraña misma de uno de los grandes de América, de ver cómo funcionaba su alma, de conocer –en sus matices más personales- el origen y el desarrollo de sus sentimientos.

 

Hasta ese momento, yo había vivido con una carga agobiante de deseo de ser útil a mi pueblo y a cualquier pueblo, sobre todo si era Latinoamericano; pero, para ser útil a un pueblo, hay que tener condiciones especiales.

 

¿Y cómo podía saber yo cuales condiciones eran esas, y como se las formaba uno mismo sino las había traído al mundo, y como las usaba si las había traído? La repuesta a todas esas preguntas, que a menudo me ahogaban en un mar de angustia, me la dio Eugenio María de Hostos, 35 años después de haber muerto. (…) la lectura de los originales de Eugenio María de Hostos me permitió conocer que fuerza mueven, y como la mueven, el alma de un hombre consagrado al servicio de los demás”. (Juan Bosch, Hostos el sembrador).



EUGENIO MARÍA DE HOSTOS: CUIDADANO DE AMÉRICA

Por: Pedro Henríquez Ureña


(En este ensayo Pedro Henríquez Ureña expresa su profunda admiración hacia Hostos)

«Dadme la verdad y os doy el mundo. Vosotros, sin la verdad destrozaréis el mundo; y yo con la verdad, con sólo la verdad, tantas veces reconstruiré el mundo cuantas veces lo hayáis vosotros destrozado». Así era, en Hostos, la delirante fe en la verdad, llama del incendio engendrado, como dijo Nietzsche «en aquella creencia milenaria, en aquella fe cristiana, que antes fue la de Platón, y para quien Dios es la verdad y la verdad es divina».

Pero no sólo arde en Hostos la fe en la verdad: arde, con más alta llama, la pasión del bien, pasión de apóstol.

Porque Hostos vivió en los tiempos duros en que florecían los apóstoles genuinos en Nuestra América. Nuestro problema de civilización y barbarie; exigía, en quienes lo afrontaban, vocación apostólica. El apóstol corría peligros reales, materiales; pero detrás de él estaba en pie, alentándolo y sosteniéndolo, la hermandad de los creyentes en el destino de América como patria de la justicia.

A Eugenio María Hostos (1839-1903) el ansia de justicia y libertad lo enciende para la misión apostólica. Al nacer en Puerto Rico, abre los ojos sobre la injusticia como sistema social: desde la situación colonial de la isla frente a tantos pueblos, emancipados de Europa, que trabajosamente aprendían a ser dueños de sí, hasta la institución de la esclavitud. Antes de la adolescencia (1851) va a España, donde permanecerá hasta cumplir los treinta años. Allí comprende la esencia de los males que atormentan a todo el mundo hispánico, en la patria europea y en las patrias desgarradas de América: la falta de clara conciencia social que anime la estructura política. Conoce a hombres y mujeres —Pi y Margall, Concepción Arenal, Sanz del Río y sus discípulos— en quienes germina otra España renovada, purificada. De ellos aprende y con ellos trabaja.

Devora conocimientos: ciencia y filosofía, arte y literatura. Pero su ansia de justicia y libertad —ansia humana, física, ansia de hijo de Puerto Rico— se convierte en pensamiento cuyo norte es el bien de los hombres, se nace «trascendental», como decían sus amigos los krausistas. Vive desde entonces entregado a su meditación filosófica y a su acción humanitaria, embriagado de razón y de moral. Su carácter se define: estoico, según la tradición de la estirpe; severo, puro y ardiente; sin mancha y sin desmayos.

Piensa en el porvenir de España y en el porvenir de las Antillas: las concibe autónomas dentro de una federación española. Trabaja activamente para preparar el advenimiento de la república; de sus compañeros recibe la promesa de la autonomía antillana. Pero en 1868, al iniciarse el período de transformación, ve como se desdeña y pospone el desesperado problema de Cuba y Puerto Rico. El desengaño lo inflama. Pudo haberse quedado, pudo hacerse escritor famoso. Pero decidió romper con España y lo hizo en memorable discurso del Ateneo de Madrid.

Cuba se arroja a su primera revolución de independencia (1868-1878); Hostos se dedica a trabajar en favor de ella. Hasta embarca con Aguilera rumbo a los campos de la insurrección; naufraga y nunca llega a conocer la isla maravillosa. Recorre entonces las Américas, de norte a sur y de Atlántico a Pacífico, explicando con palabra y pluma el problema de las Antillas, reclamando ayuda para los combatientes. De paso interviene en problemas de civilización de los países donde se detiene: en el Perú protege a los inmigrantes chinos; en Chile defiende el derecho de las mujeres a la educación universitaria; en la Argentina apoya el plan del Ferrocarril Trasandino, y en homenaje, la primera locomotora que cruzó los Andes se llamó Hostos.

Fracasada la guerra de los Diez Años, aplazada la independencia de Cuba, pero abolida siquiera la esclavitud en las Antillas españolas, Hostos no abandona la lucha; le da forma nueva. Se establece en la única Antilla libre, en Santo Domingo, y allí se dedica a formar antillanos para la confederación, la futura patria común, la que debería construirse "con los fragmentos de patria que tenemos los hijos de estos suelos". Pero el propósito lejano, que a él no se lo parecía, quedó oscurecido bajo el propósito inmediato: educar maestros que educaran después a todo el pueblo. Esos maestro debían ser, según su fórmula, "hombres de razón y de conciencia''. Con ayuda de hombres y mujeres desinteresados, encendidos —ellos también— en llama apostólica, implantó la enseñanza moderna, cuyo núcleo es la ciencia positiva, allí donde se concebía la cultura dentro de las normas clásicas y escolásticas que sobrevivían de las viejas universidades coloniales; enseñó la moral laica, forjando los espíritus "en el molde austero de la virtud que en la razón se inspira". La obra fue extraordinaria: moral e intelectualmente comparable a la de Bello en Chile, a la de Sarmiento en la Argentina, a la de Giner en España. Sólo el escenario era pequeño.

La Escuela Normal de Hostos (1880-1888), encontró oposición en los representantes de la antigua cultura; pero sus enemigos reales no eran esos, que en mucho llegaron a transigir o a cooperar con él: entre «cleros» ajenos a traición, entre hombres de buena fe, la lucha leal puede trocarse en colaboración. El enemigo real estaba donde está siempre, en contra de la plena cultura, que lo es "de razón y de conciencia", tanto de conciencia como de razón: estaba en los hombres ávidos de poder político y social, recelosos de la dignidad humana. El déspota local decía que los discípulos de Hostos llevaban la frente demasiado alta. Después de nueve años, «cansado de las luchas con el mal y con los malos», Hostos decidió alejarse del país.

Fue a Chile, donde pudo vivir tranquilo diez años (1889-1898), entregado a la enseñanza. Influyó en la reforma de las escuelas, dando ejemplo de modernización de los planes de estudios y de los métodos; participó en la enseñanza universitaria, como antes en Santo Domingo. Santiago de Chile lo declara hijo adoptivo de la ciudad; la comisión oficial que exploraba el sur da su nombre a una de las montañas patagónicas. Pero, a veces, en medio de aquella paz, su alma inquieta echaba de menos los estímulos del hervor antillano: «¡Y no haberme quedado a continuar mi obra!».

En 1898, cuando va a terminar la segunda guerra cubana de independencia con la intervención de los Estados Unidos, Hostos corre a reclamar la independencia de Puerto Rico. ¿Qué menos podía esperar el antiguo admirador dé los Estados Unidos, cuyas libertades, antes simples y diáfanas, exaltaba siempre como paradigmas frente a Europa enmarañada en tiranías y privilegios? Ahora tropezó de nuevo con la injusticia: los dueños del poder no soltaron la presa gratuita. ¡Con cuánta amargura lamentó que las naciones de la América Española no se adelantaran a los Estados Unidos, como él lo había propuesto, en la defensa de Cuba!

Volvió a Santo Domingo en 1900, a reanimar su obra. Lo conocí entonces: tenía un aire hondamente triste, definitivamente triste. Trabajaba sin descanso, según su costumbre. Sobrevinieron trastornos políticos, tomó el país aspecto caótico, y Hostos murió de enfermedad brevísima, al parecer ligera. Murió de asfixia moral.

Es vastísima la obra escrita de Hostos. En su mayor parte obra de maestro: hasta cuando no es estrechamente didáctica, para uso de aulas, esclarece principios, adoctrina, aconseja. Y cuando la necesidad de las aulas no la hace meramente científica o pedagógica (como el precioso manual de «Geografía Evolutiva» para las escuelas elementales de Chile), lleva enseñanza ética; su preocupación nunca está ausente.

Todo, para este pensador, tiene sentido ético. Su concepción del mundo, su optimismo metafísico, como la llama Francisco García Calderón, está impregnada de ética. La armonía universal es, a sus ojos, lección de bien. Pero su ética es racional. Cree que el conocimiento del bien lleva a la práctica del bien; el mal es error («en el fondo de este caos no hay más que ignorancia»). Está dentro de la tradición de Sócrates, fuera de la corriente de Kant, pero Kant influye en su rigurosa devoción al deber.

Como la razón es el fundamento de su moral, difundirá el culto de la razón y de su fruto maduro en los tiempos modernos, las ciencias de la naturaleza. Por eso, soñando con el bien humano, exalta la fe en la persecución y en la adquisición de la verdad. Sólo lo asombra, a ratos, «la eternidad de esfuerzos que ha costado el sencillo propósito de hacer racional al único habitante de la tierra que está dotado de razón».

Y por eso, sus singulares dones de artista, de escritor, los sacrifica, los esclaviza a los fines humanitarios. Como Martí, para i quien fue uno de los pocos maestros (leyendo el «Plácido» de Hostos (1872) se reconoce el magisterio). Pero mientras para Martí arte y virtud, amor y verdad, viven en feliz armonía («todo es música y razón»), Hostos sospecha conflictos entre belleza y bien: resueltamente destierra de su república interior a los poetas si no se avienen a servir, a construir, a levantar corazones,

Hizo música, versos, teatro, para su intimidad personal y familiar; de sus novelas, la única conocida, «La Peregrinación de Bayoán» (1863), es alegoría de su pasión: la justicia y la libertad en América. Pero el artista que él en sí mismo desdeñaba sobrevivía en la extraña fuerza de su estilo, sobreponiéndose a los hábitos didácticos, con su manía simétrica de que lo contagiaron krausistas y positivistas. Hasta sus cartas salen escritas con espontánea perfección luminosa. Y, como gran apasionado, conservó el don oratorio.

De sus libros, el que mejor lo representa es la «Moral Social» (1888). Demasiado lleno, Hostos, de preocupaciones humanas y sociales para filósofo puro u hombre de ciencia abstracta, sus intentos teóricos son cimientos apresurados donde asentar su casa de prédica. Los dos breves tratados de Sociología (1883-1901) son esbozos para iniciar a estudiantes del magisterio en la consideración de los problemas de la sociedad humana: es ingeniosa su estructura, pero quedan fuera de los caminos actuales de la ciencia social, empeñada en acotar su campo y depurar sus datos antes de intentar de nuevo las construcciones teóricas a que ingenuamente se lanzó el siglo XIX; ofrece agudas observaciones concretas, especialmente las que tocan a nuestra América. En su curso de «Derecho constitucional» (1887) expone audazmente su concepción política, desdeñando todo eclecticismo y desentendiéndose de la mera erudición —que poseía— de doctrinas y de historia: su propósito es convencer a lectores y oyentes de que la organización de los estados debe fundarse sobre principios de razón y normas éticas.

Y en la «Moral social» poco interesa la exposición de las tesis sobre «relaciones y deberes», contagiadas del naturalismo y del organicismo entonces en boga; su fuerza y su brillo aparecen' cuando discurre sobre las "actividades de la vida" —en particular sobre la política, las profesiones, la escuela, la industria—, hasta culminar en la discusión sobre el uso del tiempo: la civilización sólo será real cuando haya enseñado a todos los hombres a hacer buen uso del tiempo que les sobre.

Junto a la «Moral social» hay que poner el extraordinario discurso que Hostos pronunció en la investidura de sus primeros discípulos (1884): en él declaró toda su fe, describiendo en síntesis, con singulares parábolas y relampagueantes apostrofes el ideal y el sacrificio de su vida, sus principios éticos y su concepto de la enseñanza como base de reforma espiritual y de mejoramiento social. Piensa Antonio Caso que este discurso es la obra maestra del pensamiento moral en la América Española.

Pero en todo, tratados, lecciones, discursos, cartas, artículos, con que en muchedumbre sirvió a nuestra América, desde la descripción de los puertos del Brasil hasta el homenaje a los poetas y el estudio del «Hamlet», en que la observación psicológica se une a la reflexión moral, Hostos se revela siempre, en pensamiento y forma, lo que fue: uno de los espíritus originales y profundos de su tiempo.

FUENTE: https://www.facebook.com/photo.php?fbid=3788614481155912&set=gm.755139381913020&type=3&theater&ifg=1




sábado, 8 de agosto de 2020

CAPITALISMO, CRISIS Y PANDEMIA

 Por: Fortune Modeste Valerio


Preservar la vida humana es lo más importante. Cuándo esta se va, no hay posibilidad de regresar; dejando secuelas de tragedia emocional, frustración y dolor. La economía con todas sus crisis, se puede recuperar con la misma velocidad con que se combate la pandemia. Es necesario priorizar el objetivo del momento. ¡La bolsa o la vida!

La pandemia de Coronavirus y su Covid 19, tiene en ascua a los principales gobernantes de los países capitalistas. Su incapacidad motivada por la concepción de mercado y el carácter inhumano de su política sanitaria y de salud, los llevan a un callejón sin salida, provocando la muerte de cientos de millares de seres humanos.

El capitalismo es un sistema de muerte y destrucción, en manos de un imperialismo monopolizador y desestabilizador, lo convierte en un peligro mortal para la supervivencia. De ahí que, la presente pandemia tiende a agravar las condiciones de vida y trabajo de la población.

En sentido general, la peste se enfrenta con la firme decisión estatal con reducir los niveles de contagios, aplicando las pruebas necesarias, confinar a la población por un tiempo determinado y la firme determinación en utilizar la fuerza pública para mantener el orden, en función de las políticas gubernamentales en ejecución.

Los intereses de clases complican las aplicaciones de políticas publicas de salud y sanitarias. Las reglas de juego no están claras en la conducción de la cosa pública. Lo que conlleva a una garata con puño en adjudicarse contratos, compras, asesorías, etcéteras. Las comisiones son el regalo envenenado que vuelve loco al funcionario correspondiente.

La pandemia acelera y profundiza, de mala manera, la crisis económica y social que venía arrastrando el capitalismo mundial. En los países latinoamericanos y caribeños, sus efectos son devastadores, tomando en cuenta el papel protagónico de una derecha recalcitrante, y las nefastas influencias de los Estados Unidos de Norteamérica.

El capitalismo salvaje, aquel en que predomina la avaricia, las contradicciones por el reparto del mundo y aplicar políticas poblacionales genocidas y discriminatorias; tocará fin, tarde o temprano. Existen otros países capitalistas que exhiben coherencia en la lucha contra el Covid 19, y han presentado importantes logros.

La vacuna será la tabla de salvación del Mundo para combatir la pandemia. Se pelean por monopolizar el negocio. La República Popular China y Rusia, han anunciado la existencia de esa vacuna, sin mucha bulla. Inglaterra y Alemania tienen avanzado sus investigaciones científicas, y los gringos al acecho: comprarla y patentizarla.

¡Ante el dilema de «la bolsa o la vida», entrego la bolsa. Total, encuentro otra, al doblar la esquina, la vida no!



EL REY CORRIENDO

 Por: Rafael Chaljub Mejía

Parece que el rey don Juan Carlos de Borbón, con todo y su noble título de rey emérito, está mal implicado en asuntos no muy santos en su país y anda corriendo. Y parece que corre bien, porque hasta hace unas cuantas horas no se tenía conocimiento oficial del paradero de tan ilustre corredor.

Se dice que puede estar aquí y no sería extraño. Don Juan Carlos es estudioso de la historia y sabe que su lejano antecesor, el nombrado Cristóbal Colón y Fontanarrosa, estuvo por aquí y aunque finalmente salió con sendas esposas en las muñecas, por un tiempo a don Cristóbal le fue bien en esta tierra de indios inocentes.

Además, dicen las leyendas que el gran almirante dijo una vez que esta era la tierra más bella que ojos humanos habían visto. Aunque dudo que, asediado por las urgencias de los requerimientos que la justicia le está haciendo, don Juan Carlos tenga mucho tiempo para andar contemplando los paisajes.

De todos modos, República Dominicana tiene sus atractivos para determinados personajes. Recuerdo que cuando el dictador Fulgencio Batista vino huyendo desde Cuba en enero de 1959, el periódico The New York Times publicó un artículo sobre nuestro país titulado: El Escondite del Caribe, porque aquí se refugiaba cuanto tirano de América era derrocado y quería ponerse a buen resguardo de la justicia en su país. Gerardo Machado, de Cuba; Marcos Pérez Jiménez, de Venezuela, Gustavo Rojas Pinilla, de Colombia, Batista, fueron algunos de ellos.

En estos tiempos, con los casos que salen a la luz pública de perseguidos que buscan refugio aquí, cualquiera piensa que seguimos siendo un escondite.

Don Juan Carlos preparó su retirada y tiene su villa propia en Casa de Campo, el Guantánamo dominicano. Tengo la sospecha de que, aunque las autoridades dicen que no ha venido, el rey emérito está refugiado aquí.

De lo sublime a lo ridículo podría ser el título de una obra en la cual un rey pasa a ser un perseguido y, como dicen los de Podemos allá en España, “un prófugo”. Aseguran los parientes del rey emérito que él está dispuesto a dar la cara en los tribunales, esperemos que así sea y ojalá un juicio público permita poner al descubierto todo lo que hay detrás de las cortinas del Palacio y sus inquilinos.

Mientras tanto, parece que el rey anda corriendo y que es muy buen corredor.

FUENTE: https://eldia.com.do/el-rey-corriendo/



viernes, 7 de agosto de 2020

DOS GRANDES ERRORES DE ROSARIO ESPINAL

Por: Fidel Soto


En un artículo  de Rosario Espinal, publicado recientemente, comete  dos errores que nos vemos en la obligación de señalar; aunque felicitamos a la autora porque en el mismo establece criterios muy válidos con respecto al tema de la corrupción.

El primer error es decir que los marxistas llaman a la corrupción acumulación originaria. Marx estableció que la  " acumulación originaria es el proceso histórico de la disociación entre el productor y los medios de producción". 

Los marxistas  y cualquiera pueden llamar acumulación al robo y expropiación, pero solo así : "acumulación". No le agregan el concepto "originaria", porque no cumple ni se extiende al sentido amplio de lo que Carlos Marx llama Acumulación Originaria.

El segundo error es considerar o encuadrar la corrupción en tiempo y espacio, corto o largo, cuando afirma que los peledeístas "gobernaron  mucho tiempo con muchos recursos". Y para dar el jaque mate al presidente Bosch, deja caer ésta prenda "(Bosch sólo gobernó siete meses)".

En verdad no creemos que la distinguida politóloga considere o pretenda juzgar el gobierno constitucional (el más honrado y honesto en nuestra historia) por falta de tiempo para robar. Pero su criterio así lo deja ver y ella o cualquiera puede investigar las actitudes y acciones del presidente Bosch desde el caso Virgilio Gell, hasta un sin número de ejemplos demostrativos.

Donde más se cae su criterio del tiempo y el espacio es cuando estudie e investigue el gobierno del PRD y Jacobo Majluta en el 86 (solo 43 días) y ahí se dará cuentas de que esa idea del poco tiempo es algo sin ninguna validez. Busquemos lo que sucedió en esos 43 días y veremos la debacle de esa corrupta administración. Solo hay que revisar las auditorías de la época realizadas en CORDE, CEA, CDA, CDE y otras dependencias del estado para ver el ciclón que pasó en tan breve tiempo.



FREDERICH ENGELS, EN EL 125 ANIVERSARIO DE SU MUERTE

Por: Carlos Julio Báez Evertsz 



El 5 de agosto de 1895 moría en Londres Friederich Engels, uno de los creadores junto a Karl Marx de la concepción del socialismo que significó una “ruptura epistemológica” con toda la tradición del socialismo hasta entonces existente. Los socialismos basados en las buenas intenciones, en las ideas filantrópicas, en las ideas religiosas del amor al prójimo, del socialismo pequeñoburgués de los Proudhon y compañía y de todo lo que se puede incluir o caber en el paraguas conceptual de socialismo utópico. 

 Ese giro copernicano realizado por esa pareja intelectual bien avenida y amigos fraternales, consistió nada más y nada menos, que en dar al socialismo una base rigurosa, sistemática o científica. El socialismo no sería ya una idea que se quiere poner en práctica por unos revolucionarios y unos reformadores sociales, para que la humanidad fuese mejor y la vida humana fuera más plena y menos egoísta- que también-, sino que sería una consecuencia “lógica” del desarrollo del proceso histórico y de las luchas sociales. 

 La vida del hombre desde que se convirtió en un homo erectus y posteriormente en el homo sapiens, se desarrolló en todos los aspectos mediante el trabajo. Y su agrupación en comunidades facilitó su vida y el desarrollo de la economía, es decir, la manera de organizarse para obtener los recursos, siempre escasos, para poder alimentarse, guarecerse, reproducirse y defenderse. 

 El estudio del proceso histórico de las diferentes maneras en que los hombres se han organizado permitió discernir una serie progresivas de modos de producción, que se pueden tipificar en los siguientes: la comunidad primitiva, el modo de producción oriental, el esclavista, el feudal, el capitalismo mercantil simple, el capitalismo manufacturero y todas las fases por las que éste ha pasado y pasará hasta que la contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las formas de apropiación se convierta en un obstáculo para el posterior desarrollo y sea necesario pasar a otra forma de organización de la producción, la socialista. 

 Como no eran profetas ni adivinos, Marx y Engels, nunca trazaron un mapa detallado de cómo se organizaría en el socialismo o poscapitalismo, la producción salvo que ya el fin de la misma no sería la explotación y la opresión para obtener lucro sino para satisfacer las necesidades humanas. Y que la riqueza social se distribuiría de acuerdo al criterio del trabajo aportado y toda la colectividad tendría acceso a la satisfacción de sus necesidades humanas básicas. Dentro de la mayor igualdad socioeconómica funcionalmente posible en cada periodo dado. 

 Para lograr el socialismo científico de este tipo no basta, empero, tener en cuenta el desarrollo de las fuerzas productivas y esperar la contradicción entre la producción y el modo de apropiación sino que es necesario que los trabajadores de todo tipo (según la complejidad de la economía), realicen una acción colectiva y estén dispuestos a tomar el poder desplazando de su control del estado a la clase social que hasta ese momento ha tenido el dominio económico, social y político: la burguesía o clase capitalista.

Esto es, el camino al socialismo implica una auto-emancipación del conjunto de la clase trabajadora, del Trabajador Colectivo. Como una vez muerto Marx, expuso una vez más Engels (Prefacio de 1892 a Las luchas de clases en Francia) esto casi siempre requerirá un enfrentamiento con los que se benefician y lucran con el sistema imperante y que no abandonan su poder sin lucha, aunque, sí el Trabajador Colectivo logra obtener una mayoría social mediante elecciones u otro medio aceptado por la sociedad y que no implique una especie de guerra civil, tanto mejor para todos. 

 Esta es la vía que cada vez más se acepta en la mayoría de los países más desarrollados e incluso la que se va imponiendo en los de menor desarrollo de sus fuerzas productivas. Si bien, esto no depende solo una parte de la sociedad ( los asalariados, el conjunto de los trabajadores), sino que debe ser aceptado por la gran mayoría. De lo contrario, como muy bien dijera el presidente Kennedy, los que no aceptan la revolución pacífica están propiciando la revolución violenta. 

Engels era un experto en temas militares, era conocido por sus amigos y correligionarios como “el general”. Y su experticia no se reducía a la teoría de la táctica y la estrategia, sino que se extendía al conocimiento tecnológico del armamento moderno. Todo ello hace aún más rigurosa su advertencia de que los trabajadores debían emplear todo el arte estratégico militar para no servir de carne de cañón en enfrentamientos disímiles que no conducen sino a derrotas previsibles de antemano, de las que no se recuperan sino en décadas. 

La síntesis de todo el arte de la guerra se reduce a esta máxima: mantener y acrecentar nuestras fuerzas y debilitar las del enemigo. Por ende, no son seguidores “verdaderos” de Marx y Engels los dirigentes aventureros de la clase trabajadora que la llevan al matadero y a la pasividad por su incapacidad de tener la cabeza fría y saber establecer las correlaciones de fuerzas de cada coyuntura. 

Así pues, en el 125 aniversario de la muerte de Engels, su contribución al socialismo científico está reconocida a la par que la de Marx y sólo algunos esnobs y académicos cuyo interés de carrera profesional se encuentra no tanto en la búsqueda de la verdad sino en tratar siempre de rizar el rizo y dar motivo al intercambio de pareceres en revistas de especialistas, es que tratan de buscar contradicciones y diferencias abismales entre el pensamiento de Marx y de Engels. 

Con gran modestia de su parte Engels siempre se colocó en una posición secundaria respecto a Marx, pero lo hizo como homenaje al genio de Marx y a sus descubrimientos en materia de economía política, no porque su talento y valía fuera menor. Si Marx hizo lo que hizo a Engels se lo debe. Si Marx fue el autor intelectual de la ley del valor trabajo, el autor de El Capital, Engels fue el financiador y el animador de esas investigaciones por décadas. Más aún, los tomos II y III de El Capital se deben al arduo trabajo de ordenar y darle forma literaria inteligible a ese caos de manuscritos y apuntes diversos de Marx. 

Las tendencias antiengelsianas existen, sin duda, sobre todo, se le critica a Engels que su cientifismo se quedaba en el positivismo y el evolucionismo de su época. Entiendo yo que el horizonte científico en general es el de la época que nos toca vivir, salvo que se sea un visionario y se vaya más allá de lo que la ciencia de una época ha producido. Otra de las críticas es su aplicación de la dialéctica fuera del ámbito, digamos de las ciencias sociales, a las naturales. Y las diferencias filosóficas entre Marx y Engels.

Obviamente, que Marx y Engels en general formen una unidad en lo esencial no quiere decir que en todo su pensamiento fuera idéntico. Eso es imposible. Otra cosa es que se quiera hacer una lectura de Engels como el “teórico” del sovietísmo” y de Marx como el del “marxismo occidental”, colocando a uno en el altar del “marxismo dogmático”, y al otro, situándolo como el Dios del “marxismo humanista”. Pero entrar a exponer todo ello nos llevaría muy lejos. Finalicemos aquí, pues, reivindicando el papel esencial de Engels en un marxismo sin adjetivos.