martes, 11 de enero de 2022

REFORMA POLICIAL Y POLÍTICA DE SEGURIDAD NACIONALES Y DEMOCRÁTICAS

Por Manuel Salazar 

En sus días de candidato,  el hoy presidente Luis Abinader, hizo su asesor en materia de seguridad ciudadana  a Rudy Guiliani,  el ex alcalde de Nueva York, quien no pudo ser más represivo y criminal en su política de seguridad en esa ciudad, sobre todo contra la comunidad latina y de color, entre estas la dominicana. Podría decirse que impuso la paz de los cementerios y la tranquilidad de las cárceles. 

Esa decisión, del entonces candidato, expresaba una visión conservadora de la seguridad ciudadana, pero también comportaba algo de vocación extrañamente cipaya, en tanto desconocía para asesorar  unas  capacidades nacionales de alta calificación en la materia que existen en el país,  y la prefería extranjera. 

Además, se desconocía que a pesar de la globalización, las causas y manifestaciones de la inseguridad ciudadana, son muy diferentes entre ciudades de diversos países, y lo son incluso en barrios y residenciales de una misma ciudad. En la ciudad de Santo Domingo, por ejemplo,  la inseguridad ciudadana tiene causas y expresiones diferentes en sectores de una misma circunscripción. 

Hay un estudio del politólogo dominicano Francis Pou que pone en claro esas características,  y recomienda políticas públicas específicas  para cada particularidad. 

La reforma policial y la política de seguridad ciudadana que se lleven  a cabo en la República Dominicana tienen que ser nacionales, corresponder a la realidad nacional.  Los  modelos extranjeros sirven poco a ese fin. 

El presidente Luis Abinader persiste en la misma orientación que cuando buscó la asesoría de Rudy Guiliani, al buscar el concurso de la policía de Colombia, de los carabineros de Chile, y hasta de elementos de la Guardia Civil de España. 

Estos cuerpos policiales son  esencialmente militares, como lo es la policía dominicana; destacan por su vocación represiva y su esencia criminal. 

Esos tres modelos policiales son mundialmente conocidos por su violación sin pudor a los derechos humanos. La policía colombiana, al servicio de un Estado como el de Colombia, que es a América Latina, lo que el sionista de Israel es al Medio Oriente. Los carabineros, un sostén principal de la dictadura de Pinochet y sus secuelas posteriores en Chile. La guardia civil, del dictador Franco y del conservadurismo que todavía pervive en España, cuyas prácticas corruptas y represivas  contra los pueblos de ese país, fueron y son noticias de cada día. 

La reforma policial y la política de seguridad ciudadana, no presagian nada bueno, y debe continuar la protesta para un desmonte del carácter militar de la policía nacional, y una política de seguridad ciudadana preventiva, centrada en el respeto de los derechos humanos.

Manuel Salazar

 

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