martes, 14 de julio de 2020

PRESENTACIÓN DE FRANK DISLA: ULISES HEUREAUX HIJO Y SUS APORTES A LA DRAMATURGIA DOMINICANA



Fragmentos del escritor y teatrista Frank Disla, en la presentación del libro “Otras Muestras de Dramaturgos del Sur, del periodista y escritor, Edgar Valenzuela. Con especial ponderación a Ulises Heureaux hijo, cuya obra Alfonso XII figura en la obra presentada.

Llamarse Ulises Heureaux, como el autor que nos toca, es un estigma de dimensiones históricas: nos conduce irremediablemente a Lilís y sus tres períodos de gobierno, su ajusticiamiento en Moca, sus ‘papeletas’ inorgánicas que llevaron al país a la quiebra y sus numerosas anécdotas que forman parte de la tradición oral y escrita del imaginario popular. Pero estamos hablando de su hijo nacido en San Juan de la Maguana el 14 de diciembre de 1870, fruto de su relación amorosa con Juana Ogando, miembro de una familia que defendió la Independencia y restauración de la República. A Ulises Heureaux, hijo, lo envió su padre a París a estudiar Derecho, carrera que abandonó para dedicarse a visitar teatros y museos, la bohemia parisina, obviando los tratados y códigos penales del Derecho Francés que tanto ha influenciado la jurisprudencia universal, nutriéndose, al contrario, de los aportes del arte y la literatura francesa, codeándose y recibiendo instrucción de maestros versados en estos temas.

Mientras el llamado Pacificador pacificaba, a sangre y fuego las numerosas revueltas que se suscitaban a lo largo y ancho de la joven República, su hijo en París ensanchaba sus conocimientos y adquiría la experiencia de vida que lo convertirían en un versátil escritor que llegó a cultivar con éxito varios géneros literarios como el Cuento, la Novela y el Teatro, convirtiéndose en su época, en un pionero del quehacer literario. También componía canciones, las que musicalizaba al piano, ya que también tocaba este instrumento. Un hombre, pues, sensible que distaba del arrojo guerrero de su padre que vivió con dos balas en el cuerpo, una mano malograda y que en más de una ocasión se le escapó a la muerte a la que constantemente desafiaba con su valentía proverbial y su inteligencia sublime que lo llevó a ocupar la primera magistratura del Estado Dominicano, sentando las bases de su posterior desarrollo y descalabro.

En una sociedad semi-rural donde aún predominaba la producción hatera, en la que el soborno y la corrupción permeaban el ejercicio de la política, donde el fusilamiento de los contrarios era la forma más recurrente de dirimir el debate político, el joven Ulises Heureaux Ogando hubo de ejercer su vocación teatral y literaria.

Edgar Valenzuela se refiere a él en estos términos: “Sus libros y publicaciones en revistas culturales, y sus artículos en los periódicos, dejaron al descubierto que el joven, más que para la guerra y la política, tenía talento para las narraciones escritas, el drama, el ensayo y la música”.

Mientras que Max Henríquez Ureña dice: “Heureaux hijo sabia preparar los motivos escénicos y mover los personajes; conocía los secretos menudos de la técnica teatral, ‘le metier’. Con esas condiciones triunfó reiteradamente en sus empeños escénicos”. Sus resonados éxitos con la puesta en escena de sus obras teatrales “La muerte de Anacaona”, “El grito de 1844”, “El artículo 291”, “Consuelo”, “La noticia sensacional”, “La fuga de Clarita”, “Entre dos fuegos”, “El enredo”, “En la hora suprema”, “El Jefe”, De director a ministro”, “La inmutable”, “Blanca”, “Genoveva” y “Alfonso XII”, lo ponen en competencia con Franklin Domínguez y Reynaldo Disla, dos de los Dramaturgos dominicanos más montados del siglo pasado, superándolos. Estamos, pues, sin exageración, ante un Lope de Vega dominicano.

Manuel de Js. Goico Castro expresa del autor que: “En el estudio de sus dramas, hemos admirado la impecable desenvoltura con que se mueven sus personajes y como de sorpresa en sorpresa, de lance en lance, logra una solución efectista y artística de gran revuelo e intensidad”. La última escena de “Alfonso XII”, Max Henríquez Ureña la califica como “una curiosa obra de tipo histórico”, es un buen ejemplo de la calidad dramática manifiesta en las obras de Heureaux Ogando, que compendia y sintetiza la responsabilidad con que el autor asumía el acto de creación. Confieso que de no haber sabido su procedencia hubiera creído que era una traducción bien realizada de William Shakespeare. Elegantemente construida, le otorga a esta antología de Dramaturgos del sur un toque clásico y a la vez la muestra fidedigna de un botón de la camisa creativa de uno de nuestros más excelsos dramaturgos, que pone en relieve, parafraseando a Benedetti, a hombres y mujeres que saben, aprovechando el sol, a que asirse, “apartando lo inútil/ y usando lo que sirve/con su fe veterana/ el sur también existe”.




lunes, 13 de julio de 2020

JUAN BOSCH: NI BORRÓN NI FLOTADOR, TAMPOCO TRINCHERA. (II-III) (BORRÓN Y CUENTA NUEVA)

Por: Fidel Soto

No es nuevo el fardo del borrón y cuenta nueva cargado a Bosch. Es parte de esa mentira echada a correr como bola por los enemigos del pueblo y, lo más lamentable, es que la misma es aparada a mano pelá y vuelta a lanzar por personas revolucionarias y honestas.

Rafael Chaljub, en un artículo publicado en el periódico El Día de fecha 24 de enero de este año 2020  establece lo siguiente:

“La historia enseña que cada vez que aquí va a producirse un cambio político importante, los norteamericanos toman el control y lo mediatizan”.  Continúa diciendo que “en 1961, tras el ajusticiamiento de Trujillo, pudo iniciarse un proceso de avances democráticos y progresistas… entonces intervino la mano yanqui, a niveles de injerencia típicamente coloniales”. Y agrega que “Cuenta el embajador Martin que, en ocasiones, el delegado político de la embajada participaba en las reuniones ordinarias de algunos partidos y que él y el presidente Rafael Bonelly se comunicaban y a veces se reunían varias veces al día”.

Es muy correcto este recuento de Chaljub y se apega a los hechos y hay que decir que, más que “injerencia”, era una intervención directa y de mando sobre el Consejo de Estado y los cuerpos castrenses. Resulta pues más que claro que es desde ese gobierno que se crea el  famoso flotador que se lanza a los trujillistas, no desde el de Bosch.

Continúa con mucho acierto Rafael y afirma: “Los norteamericanos intervinieron y el proceso de avances que debió profundizarse se frustró. Quedó así intacta la maquinaria del viejo régimen y en vez de una transición democrática, quedó en pie el trujillismo sin Trujillo”.

Muy bien es sabido que, real y efectivamente, la maquinaria no sólo quedó intacta, sino que fue reforzada por el Pentágono, hasta el punto que crearon nuevos instrumentos represivos en la Fuerzas Armadas y la Policía Nacional como fue el Departamento Antimotines, conocido como Cascos Blancos.

Continúa Chaljub su acertado análisis ajustado a la verdad histórica, y enfatiza: "Se inauguró la inmoralidad del borrón y cuenta nueva: los crímenes quedaron impunes y los tujillistas quedaron con tanta fuerza que destruyeron de un manotazo golpista el gobierno legítimo electo el 20 de diciembre de 1962, y cuatro años después, precisamente con la bendición yanqui y Joaquín Balaguer a la cabeza, el trujillismo reciclado retornaba al poder”.

La que retorna al poder es la rancia oligarquía bajo la dirección del Pentágono, y aquello que debió ser una transición democrática se desvirtuó en un trujillismo sin Trujillo. La transición que debió producirse desde el Consejo de Estado al recién electo gobierno de Bosch, fue todo lo contrario. Rafael admite la fortaleza de la maquinaria que quedó intacta y, por lo tanto, no se inaugura en el gobierno constitucional el llamado borrón y cuenta nueva, sino que son los cívicos y la Embajada que lo instauran y sustituyen al trujillismo.

Los que acusan a Bosch del borrón y cuenta nueva no se dan cuenta que con ese argumento liberan a la Oligarquía Cívica de la culpabilidad de producir el golpe militar y de detener el avance de la revolución democrática.

No es cierto que los trujillistas volvieron al poder. Lo que sucedió fue que el Pentágono unificó a remanentes del trujillato (algunos cuadros que sirvieron a ese régimen) y ante el fracaso del barrido popular contra el triunvirato en la insurrección de abril instalan a Balaguer, no por ser trujillista, sino por ser un instrumento servil a sus dictámenes.

No aplicó Bosch ningún borrón y cuenta nueva. Lo que sí aplicó fueron los criterios y los métodos de la democracia… Y ante el devenir del tiempo confesó haber sido un iluso.


 

96 AÑOS DE LA DESOCUPACIÓN DEL PAÍS


POR TEÓFILO LAPPOT ROBLES



El 12 de julio de 1924 se produjo la desocupación de la República Dominicana, invadida militarmente desde el 1916 por los Estados Unidos de Norteamérica. Ahora se cumplen 96 años de aquel hecho.

Es, en consecuencia, una fecha de gran significación en la historia dominicana, pues ese día la bandera nacional fue izada hasta lo más alto de los mástiles al mismo tiempo que se bajaba la de los intrusos ocupantes.

La ocupación americana del 1916-1924

Cuando en noviembre del 1916 los EE.UU., por órdenes del presidente Woodrow Wilson, ocuparon la República Dominicana con desembarco de miles de tropas en las ciudades portuarias de Santo Domingo, Montecristi, Puerto Plata y San Pedro de Macorís, aquel era un país en plena expansión y con un aparato militar en preparativos para incursionar de lleno en la Primera Guerra Mundial que había comenzado en Europa el 28 de julio de 1914.

Cinco meses después de que en noviembre de 1916 Wilson fue reelegido la que todavía es la primera potencia mundial le declaró la guerra a Alemania. Le convenía a sus intereses imperiales, en consecuencia, tener un dominio directo sobre los países de la cuenca del Caribe.

Está documentalmente comprobado que los EE.UU. ya tenían al país bajo su control, mediante la tristemente célebre Convención Domínico-americana firmada el 8 de febrero del 1907 y ratificada por el Congreso Nacional el 3 de mayo de dicho año.

Para la intervención militar de 1916 el Tío Sam alegó que ese espurio convenio había sido violado por los dominicanos. Puras alilayas gringas.

En realidad otros fueron los motivos reales, ubicados en el contexto internacional de entonces: económicos, políticos y militares.

Al leer el referido documento que concierne a la historia de ambos países se comprueba que no hay ningún párrafo que le diera potestad al poderoso imperio del Norte para romper de una soberbia patada el universalmente válido principio de no intervención.1

También entonces los EE.UU. despreciaron la doctrina Drago, creada el 29 de diciembre de 1902 por el diplomático y jurista argentino Luis María Drago, cuyo núcleo conceptual descansa en que ninguna deuda financiera de un país de núcleo conceptual descansa en que ninguna deuda financiera de un país de América puede ser cobrada utilizando la fuerza de las armas en su contra.

El más ilustre hijo de la bonaerense ciudad Guardia de Luján sostenía al plantear la doctrina que lleva su nombre que: "Todos los Estados, cualquiera que sea la fuerza de que dispongan, son entidades de derecho, perfectamente iguales entre sí y recíprocamente acreedoras por ello a las mismas consideraciones y respecto."2

Control americano desde el 1907

Hay miles de pruebas relacionadas con el amplio control que tenían los EE.UU. sobre el país a partir del 1907. Una simple mirada al tramo de la historia nacional que va desde dicho año hasta el 1924 permite comprobar de manera inequívoca esa verdad inocultable.

Prueba al canto: Un memorándum del Departamento de Estado, fechado el 8 de enero de 1915, en el cual el entonces jefe de la diplomacia estadounidense, William Jennings Bryan, urgía al gobierno dominicano para que aceptara de inmediato a un tal señor Charles Johnston como jefe de la hacienda dominicana, con facultad plena para preparar, como así dicho individuo lo dispusiera, el presupuesto de la Nación, y con exclusividad para determinar a quién, cómo y cuándo se realizaría cualquier pago con fondos de las arcas oficiales.3

El referido documento (que era una especie de ucase en versión americana, por su carácter conminatorio) exigía que se aceptara que funcionarios estadounidenses que tenían años controlando las Aduanas también cobraran las rentas internas. Es decir manejar a su antojo todos los ingresos y egresos del Estado Dominicano.

Hubo muchas otras imposiciones parecidas, como la insolente, por su contenido avasallante, carta del 19 de noviembre de 1915 dirigida por el representante diplomático estadounidense en República Dominicana Williams Russell al señor Bernardo Pichardo, Secretario de Estado de Relaciones Exteriores. Meses después las tropas extranjeras penetraban al territorio nacional por varios puertos.

Luego de la dicha oprobiosa invasión armada la prepotencia y soberbia de los ocupantes eran tan elevadas que el 28 de julio de 1919, en una visita al poblado de Haina, el Gobernador Militar de Santo Domingo, contraalmirante Thomas Snowden, se permitió la libertad de decir lo siguiente:

"Cuando los jóvenes que están ahora en las escuelas lleguen a ser preparados, espero devolver la administración del Gobierno en sus manos."4

Se trata de una larga y lóbrega página de la historia de una gran parte de las dos primeras décadas del siglo pasado. Fue una época en que los Estados Unidos de Norteamérica invadieron varios países de esta área del mundo.

En su obra Los Yanquis en Santo Domingo el escritor y diplomático Max Henríquez Ureña reproduce muchos de los documentos de esa etapa de terror impuesta por militares y civiles estadounidenses contra el pueblo dominicano.

Las reflexiones de Henríquez Ureña, producto de un análisis profundo de los textos y sus entrelíneas generados en dicha era en Santo Domingo y en Washington, son reveladores del cinismo y contubernio de unos y de la gallardía y patriotismo de otros."5

Procónsules en el país

Entre los más notorios jefes militares de la ocupación que se extendió de 1916 a 1924 debo mencionar a los capitanes de navío Harry Shepard Knapp y William Banks Caperton. El operador civil de mayor nivel en los primeros años de ese nefando período de la historia dominicana fue William Russell, quien ya tenía varios años estacionado en el país interviniendo en todo lo referente a la economía, la seguridad y la política nacionales.

Ellos y los que les sucedieron actuaron como esos procónsules enviados a las provincias del Imperio romano que tenían facultades que entonces se denominaban imperium, que no era otra cosa que la delegación que se les daba para que ejercieran control del poder público allí donde se les enviaba.

En La Viña de Naboth, interesante obra de historia del señor Benjamín Sumner Welles, experimentado diplomático estadounidense designado en el 1922 como Comisionado Especial en República Dominicana para adelantar trabajos tendentes a la desocupación militar del país, el indicado autor expresa que al producirse la ocupación militar del país el referido Russell recibió instrucciones para que ejerciera "la representación civil del gobierno militar americano en Santo Domingo a fin de aconsejar al gobierno militar."6


El 19 de septiembre de 1912, varios años antes de la invasión, el referido Russell había enviado desde Santo Domingo una comunicación al Departamento de Estado, en la cual sugirió a sus superiores lo siguiente:

"Sólo el completo control por nuestro Gobierno podría asegurar el orden...pero cualquier grado de control sería beneficioso...Una vez que fueran desembarcadas tropas para la protección de las Aduanas...podríamos dictar una política beneficiosa para el país."7

La última parte del referido cable firmado por Russell era el summum del cinismo. De la boca hacia afuera se vendía la idea de que cualquier dolor del pueblo dominicano sería compensando por el placer derivado de una supuesta política de beneficio colectivo. La realidad, que es el crisol de la verdad, era muy distinta de ese pregón.

Se puede decir sin ningún temor a equivocación que de la famosa teoría del "palo y zanahoria", originada en el siglo antepasado, a partir de las reflexiones del pensador, economista y filósofo inglés Jeremy Bentham, aquí sólo hubo muchos palos. En una gran cantidad de casos fueron más que palos, como se comprueba en el martirologio de muchos dominicanos que perdieron la vida por oponerse a las botas invasoras.

Resistencia dominicana

Desde el mismo momento en que las tropas de los Estados Unidos de Norte América desembarcaron en el país el pueblo dominicano expresó de múltiples maneras su enojo por esa intromisión en los asuntos internos. La resistencia no se hizo esperar.

En San Pedro de Macorís el puertoplateño Gregorio Urbano Gilbert Suero mató de un certero tiro a CH Burton, el primero de los oficiales de las tropas invasoras que pisó allí tierra dominicana. Fue un potente aviso demostrativo del coraje del pueblo dominicano.

La batalla de la Barranquita, en un altozano cercano al cruce de Guayacanes, en la Línea Noroeste, tan bien fue una emblemática expresión del repudio al crimen de lesa humanidad cometido por el poderoso país del Norte contra la República Dominicana.

Hay que resaltar, además, que especialmente en el Este del país fue legendaria la lucha de auténticos patriotas que combatieron en forma de guerrillas a los ocupantes "del norte revuelto y brutal", como llamó José Martí a los EE.UU. Así también en otros lugares del territorio nacional hubo firmes ejemplos de protesta permanente contra la presencia de los intrusos.

La pura y simple

La desocupación pura y simple fue la consigna enarbolada por la Unión Nacional Dominicana, fundada por el jurista e historiador Américo Lugo.

El objetivo esencial de esa entidad patriótica era luchar para que las tropas de ocupación estadounidenses que en el 1916 habían eclipsado la soberanía nacional salieran del país y que los dominicanos recuperaran su libertad sin ningún tipo de mediatización.

Plan Wilson

La pura y simple surgió para oponerse al Plan Wilson, así llamado por Woodrow Wilson. Era un engendro de las autoridades ocupantes, presentado en diciembre de 1920, cuando el mandato de ese presidente, de ingrato recuerdo para los dominicanos, estaba llegando a su fin.

Esa propuesta buscaba en los hechos mantener el control del país con la apariencia de una sedicente desocupación. Procuraban también sostener el dominio militar con oficiales dirigiendo la Guardia Nacional Dominicana; querían conservar en su poder el registro económico y presupuestario del país y agregaban a sus abusivas peticiones la exigencia de que fueran declarados legales todos los actos hechos por las autoridades civiles y militares durante la ocupación que se extendió por 8 largos y sufridos años.

Esos planes no prosperaron por la oposición de importantes sectores dominicanos, bajo la orientación de Américo Lugo y otras personalidades del país.

Con motivo de esa nueva posición del país ocupante el ex presidente dominicano Francisco Henríquez y Carvajal, representante de sectores destacados de la vida nacional, hizo una contrapropuesta en julio de 1920. No fue aceptada por las poderosas autoridades con asiento en la ciudad que atraviesa el río Potomac, a pesar de que estaba bastante edulcorada. Se produjo entonces una especie de "España Boba" de nuevo cuño.

Plan Harding

El presidente de los EE.UU. Warren Gamaliel Harding, que inició su gestión en marzo de 1921, y que en su campaña electoral se había referido negativamente a la ocupación de la República Dominicana, presentó en junio de dicho año, a través de quien a la sazón era el gobernador Militar del país, Samuel Robinson, una fórmula para desocupar la República Dominicana.

Se trataba de más de lo mismo, con alguna indeseada añadidura. Se le bautizó como el Plan Harding. Esa propuesta era tan mala como la de Wilson y fue rechazada tajantemente por los dominicanos.

Plan Hugues-Peynado

El jurista Francisco José Peynado, que había sido por varios años parte de las mentes pensantes criollas que rechazaban cualquier imposición, varió su punto de vista y en un memorándum que le envió al jefe de la diplomacia estadounidense Evan Hughes hizo una serie de planteamientos que, luego de largas conversaciones iniciadas en mayo de 1922 entre él y Sumner Welles finalmente culminaron con un acuerdo que fue denominado el Plan Hughes-Peynado.8

Alejandro Adolfo Nouel, Horacio Vásquez y otros personajes que se movían en el candelabro público aceptaron dicho acuerdo, el cual se impuso incluso con la opinión favorable de una parte considerable de la población.

Américo Lugo y otros prestantes ciudadanos dominicanos siguieron firmes en su posición de que la desocupación del país tenía que ser sin ninguna condición que menguara la soberanía nacional.
El 21 de octubre de 1922 fue escogido el ciudadano Juan Bautista Vicini Burgos como presidente provisional, manteniendo en el cargo hasta el 12 de julio de 1924.

Partido Nacionalista

Ante el fracaso de la consigna patriótica conocida como la pura y simple Américo Lugo formó en el 1924 una entidad política denominada Partido Nacionalista. Duró sólo un año en esa organización. Renunció por desavenencia sobre la manera de llegar a acuerdos electorales con otros partidos.
En su obra Personajes Dominicanos el historiador Roberto Cassá plantea que: "...el Partido Nacionalista era la expresión de una generación de intelectuales que se habían formado en el combate a la ocupación militar. La dimensión del combate nacional los llevó a adoptar posturas progresistas en aspectos sociales y políticos..."9

El poeta Villaespesa

Desde Armería, en el extremo sur de España, llegó de visita al país el poeta Francisco Villaespesa. Su presencia fue de mucho aliento para el pueblo dominicano. El 17 de octubre de 1919 dio a conocer su Canto a Santo Domingo, en el cual dice: "Santo Domingo, ciudad ferviente, ni en los sudores de la agonía jamás vencida dobles la frente.... Clava en los cielos tus pensamientos pero no olvides en tu porfía que eres cachorra de una leona..."10

El poeta Fabio Fiallo

Es importante reiterar que tanto el pueblo de a pie como ciudadanos de abolengo intelectual siempre se mantuvieron protestando por la ocupación del país.

Fue el caso, por ejemplo, del poeta y patriota Fabio Fiallo, quien en una comunicación dirigida a los jóvenes dominicanos, fechada el 25 de abril de 1922, incluso fijaba un plazo para que los invasores salieran del país.

Así se expresó Fiallo: "El pueblo dominicano fija un plazo de tantos días como han de transcurrir hasta el 29 de noviembre de 1922 para la desocupación completa y absoluta de su territorio por las fuerzas americanas, que lo retienen contra toda moralidad, justicia y derecho." De inmediato indicaba lo que debía hacerse como "plan de acción y liberación; sencillo, fácil y eficaz..."11

Entre las garras del águila

El escritor y hombre de gran reciedumbre moral Tulio Arístides Cestero Burgos, en su obra titulada Entre las garras del águila, publicada en el 1922, lanzó una verdadera catilinaria contra aquellos entorchados personajes que por intereses personales y grupales fueron obsequiosos con los ocupantes de 1916, señalando de entrada que divulgaba sus reflexiones por lo siguiente:

"En la creencia de que el pueblo dominicano le queda aún un jirón de honor y de vergüenza, y por consiguiente, dejará sólo a los canallas de levita y bombo en su proceder indecoroso...La República se salvará cuando rueden por tierra las cabezas de los ídolos carcomidos."12

Desocupación en el año 1924

Antes de abandonar la República Dominicana, el 12 de julio de 1924, las tropas estadounidenses dejaron un largo rosario de crímenes. Américo Lugo llegó a decir muchas veces que cuando los ocupantes se largaron dejaron el país "sin un solo hueso sano".

Un ejemplo de las vejaciones contra la población dominicana fueron las horribles torturas al campesino salcedense Cayo Báez, a quien sus verdugos dejaron por muerto en la orilla de un camino rural luego de pasarle por su cuerpo "machetes puestos al rojo en fogón improvisado, para que entregara un parque o dijera por donde andaban los gavilleros..." Así describió ese acto de salvajismo el escritor Horacio Blanco Fombona en su libro Crímenes del Imperialismo Norteamericano, en el cual cita como participantes de ese hecho a tres canallas y granujas criollos y a los criminales capitanes estadounidenses Bucklow, Knotchel y Wright.13

Bibliografía:

1-Convención Domínico-americana. 8 de febrero del 1907. Ratificada por el Congreso Nacional el 3 de mayo de 1907.
2-Doctrina Drago, 29 de diciembre de 1902. Luis María Drago.
3-Memorándum al gobierno dominicano, 8 enero 1915, firmado por el Secretario de Estado de EE.UU. William Jennings Bryan.
4-Papeles oficiales del Gobernador Militar en Santo Domingo, Thomas Snowden.
5-Los yanquis en Santo Domingo. Editora de Santo Domingo, 1977. Max Henríquez Ureña.
6-La Viña de Naboth. Tomo II.P259. Editora Taller, 1973. Benjamín Sumner Welles.
7-Cable del 19 de septiembre de 1912 al Departamento de Estado. William Russell.
8- Memorándum de Peynado a Hughes.
9-Personajes dominicanos. Tomo II. Editora Alfa y Omega, 2013.Pp285 y 286. Roberto Cassá.
10-Canto a Santo Domingo. Francisco Villaespesa. Reproducido en el libro Vetilio Alfau Durán en Anales. Editora Corripio, 1997.Pp578-581.
11-Plan de acción y liberación del pueblo dominicano.1922.Fabio Fiallo. Reproducido en el libro compilado por Alejandro Paulino titulado Los intelectuales y la intervención militar norteamericana, 1916-1924.Editora centenario, 2017.Pp247-260.
12-Entre las garras del águila. S/p de imprenta, 1922. Tulio Arístides Cestero Burgos.
13-Crímenes del imperialismo norteamericano. Ediciones Churubusco, México, 1927.Pp117, 118. Horacio Blanco Fombona.

FUENTE: https://www.diariodominicano.com/cultura/2020/07/10/311171/96-aos-de-la-desocupacin-del-pas




domingo, 12 de julio de 2020

FALLECIÓ VÍCTOR MORILLO (MORILLITO) FUNDADOR DE LÍNEA ROJAS MR 1J4 Y ACTUAL DIRIGENTE DEL PRM


Falleció la tarde de este sábado Víctor Morillo (Morillito), uno de los fundadores de la Línea Roja del 14 de Junio y actual dirigente del Partido Revolucionario Moderno (PRM) a causa del covid-19.

El deceso de Morillito, como se le conocía popularmente se produjo en el Centro Médico Dominico-Cubano, donde tenía varios días ingresado.

En los últimos tiempos militó en el Partido Revolucionario Moderno (PRM), trabajando en la región este, especialmente en La Romana.

Morillito, era un gran organizador político que siempre tenía una sonrisa y se ganaba el cariño y la confianza de todos los que les rodeaban.

Víctor Morillo se integró al movimiento Revolucionario dominicano en el Movimiento Revolucionario 14 de Junio y participó en la Guerra de Abril, de 1965.

Formó parte de los 31 dirigentes revolucionarios que el 27 de julio de 1968 fundaron la Línea Roja del 14 de Junio.

En 1980, cuando desaparece Línea Roja, Morillito formó parte de los fundadores del Partido de los Trabajadores Dominicanos (PTD), del que se separó años después.

En su labor política recorrió casi todo el país. La Línea Roja lo ubicó en principio en La Romana, pero también realizó su labor política en El Seibo e Higüey. En La Romana hizo mancuerna con Yván Rodríguez.

Por la represión política, fue enviado a Santiago, dónde organizó a los tabaqueros de Villa González, Navarrete, Licey al Medio y otros.

También estuvo en Puerto Plata y la Línea Noroeste organizando a los campesinos en la lucha política, por el derecho a la tierra y mejores condiciones de vida y libertad.

Luego fue enviado a la región Sur, dónde también participó en la organización y desarrollo de la desaparecida organización de izquierda.

En la lucha política clandestina usó el nombre de Tamayo, que luego se lo puso a uno de sus hijos.

Estuvo ligado al Partido Revolucionario Dominicano (PRD), muy cercano al expresidente Hipólito Mejía y al ex secretario de Deporte César Cedeño.

Luego pasó al Partido Revolucionario Moderno (PRM), trabajando en la región este, especialmente en La Romana.

En el 2018 formó parte del Comité Organizador de los 50 años de la fundación de la Línea Roja, que terminó con un acto en el Club Mauricio Báez, dónde se reunieron dirigentes de esa organización de todo el país.

Siempre recordaba que nació en una las primeras clínicas del Distrito Nacional la “Clínica Internacional”, el 8 agosto 1944.

Le sobreviven su esposa Ismanela Jiménez Bernnard (Maela) y sus hijos Víctor Manuel y Tamayo Aurelio López Jiménez. Tenía su residencia en el Reparto Los Tres Ojos, de este municipio.

Su hijo Víctor Manuel informó a vigilanteinformativo.com que su padre será sepultado bajo el protocolo establecido por el Ministerio de Salud Pública con relación al covid-19.

Dijo que no habrá velatorio y el sepelio será en el Cementerio Jardín Memorial, en las inmediaciones del Parque Mirador del Norte, pero está limitado a sus familiares menores de 60 años de edad.

FUENTE: https://vigilanteinformativo.com/https-vigilanteinformativo-com-fallecio-victor-morillo-fundador-de-linea-roja-y-dirigente-del-prm/

Sus antiguos camaradas lamentan




sábado, 11 de julio de 2020

LA DERROTA ELECTORAL DEL PLD ES UN PASO DE AVANCE


Por: Fortune Modeste Valerio

Desde el primer momento, identificamos el blanco principal y común, Danilo y PLD, para derrotarlo en forma contundente, convincente y con el apoyo entusiasta de la población. Conseguir esto, había que sintonizar con los anhelos intrínsecos de la sociedad; hastiada y en peligro de su disolución ética y moral.

Desunidos y dispersos, no era posible alcanzar la victoria. Urgía unir la mayor cantidad de fuerzas políticas y sociales, alrededor de un programa y candidato. No había de otra. Lamentablemente, ese esfuerzo no iba ser encabezado por los revolucionarios y los llamados progresistas.

Ese lugar ha sido ocupado por un sector de la burguesía nacional que se enfrenta a los sectores más cavernícolas de la sociedad dominicana. Estuvieron tirado en la calle al medio, “politiquiando” y buscando votos.

A pesar de los despiadados ataques, de todo tipo, persistimos en la unidad de contrarios y vencer al enemigo coyuntural. Tomando en consideración que en el desarrollo del escenario electoral podían surgir nuevos ingredientes que obligarían asumir posiciones responsables para desplazar la mafia morada enquistada, como un cáncer, en el Palacio Nacional.

Ahí están los resultados. ¿Qué hacer? La pregunta del millón. Ya que la tradición en la política dominicana cuando terminan elecciones presidenciales, congresuales y municipales, es coger unas vacaciones de silencio irresponsables, golpes de pechos, que no conduce a nada positivo. Y se sumergen en la soledad cómplice del atraso político e ideológico.

Esperamos, con buena fe, que el presidente electo, Luis Abinader Corona, el PRM y fuerzas aliadas, cumplan con el programa de gobierno y promesas electorales, ofertado a la población. Que no se involucren, respeten la voluntad popular, en las elecciones congresuales, ya que es costumbre perjudicar a los partidos emergentes en el conteo de los votos y distribución de los mismos para escoger el candidato ganador.

La lucha contra la corrupción y la impunidad es innegociable. El nuevo gobierno debe cumplir su promesa de instalar una justicia “independiente” para proteger los bienes del Estado y aplicar la ley a todo el que la viole, sin distinción de clase. Los funcionarios salientes, potenciales corruptos, deben ser investigados y llevados a los tribunales, sin trucos de películas.

Las fuerzas revolucionarias deben cuestionar su accionar en forma crítica y autocrítica, con el fin de corregir lo que está mal. Y enderezar el curso de un camino, recorrido, que no lo ha llevado a buen puerto. No ha exhibido, una parte considerable, madurez política en la presente coyuntura electoral; apegado a un esquema analítico carente de profundidad, dinamismo y creatividad.

No hay duda, se respira un aire fresco en todo el territorio nacional. Hemos vencido la peor plaga, la morada, en toda la historia republicana. La población espera la oportunidad para repudiarlos en plazas comerciales, bancos, aviones, calles avenidas, en el exterior, etcéteras.



JUAN BOSCH: NI BORRÓN NI FLOTADOR, TAMPOCO TRINCHERA. (1-3) (BORRÓN Y CUENTA NUEVA)

Por: Fidel Soto



El año pasado la periodista Margarita Cordero publicó un libro en el que afirmó lo siguiente:

“... nuestro Gólgota no lo sería un campamento militar infestado de esa lacra lumpen, que después, sabríamos, comenzó a conspirar sumisa bajo la tutela de un grupo de papi y mami, tutumpotes sobrevivientes del naufragio trujillista gracias al flotador que le lanzara un gobierno que a los siete meses de instalado volaría por los aires con la gracilidad inocua de una pompa de jabón”.

Siguiendo ese estilo y una determinada finalidad, en otro párrafo expresaba:

“Mientras en el puente Duarte, decenas de miles de hombres y mujeres escribían con otro alfabeto la historia que les pertenecía solo a ellos, con Bosch sin poder retornar de Puerto Rico, su "trinchera del honor", y con los principales líderes civiles cobijados bajo el ala diplomática de Colombia y México, el pueblo decidió jugarse el todo por el todo”.

Por el amor que profesamos a la verdad histórica y por respeto a la memoria del ex presidente, nos vemos en la necesidad de rebatirle a una destacada periodista (que merece todo nuestro respeto por su historial y por su seriedad y calidad profesional), ya que, en este caso, comete el error de arremeter contra un hombre de firmeza, valor e integridad probada en todo el sentido, desde el exilio, pasando por Cayo Confites y su apresamiento el 25 de septiembre, donde escribió la famosa carta denunciando el golpe con la frase: “Los hombres pueden caer, pero los principios no”; hasta su partida de este mundo dejando una estela de dignidad.

Como muy bien el lector se dará cuenta, en las palabras anteriormente citadas hay elementos que han sido calumnias constantes contra el profesor Juan Bosch.

Esos elementos han sido esgrimidos durante mucho tiempo por los contrarios a la revolución constitucionalista, acusando a Bosch de:

Primero, aplicar un borrón y cuenta nueva. Llamado por ella “el flotador que le lanzara un gobierno” (el de Bosch); y segundo, que Bosch no quiso venir mientras se combatía en el país, y prefirió quedarse en Puerto Rico en su “trinchera del honor”.

En respuesta a esas dos acusaciones, expresamos lo siguiente:

Si algún flotador extendió el presidente Bosch fue él al pueblo dominicano para garantizarle la justicia y las libertades públicas. Hizo honor al compromiso asumido cuando dijo: “Mientras nosotros gobernemos, no perecerá la libertad”, y así fue.

Se negaron los métodos trujillistas de los asesinatos, apresamientos, las deportaciones y las torturas. Bosch no le borró nada a nadie. Ahí están vivos todavía los que pudieron viajar sin impedimentos de entradas ni salidas del país. Están en los libros y los periódicos las reseñas noticiosas de las manifestaciones del 1J4 y de las demás organizaciones de izquierda.

Y en cuanto a la “trinchera del honor”, ha quedado claro que el ex presidente era en los hechos un prisionero del poder norteamericano.

Pero tenemos que detenernos también en analizar sobre “los tutumpotes sobrevivientes del naufragio trujillista” para recordar que dicho término se lo aplicó Bosch a los sectores que organizó el Pentágono en un Frente Oligárquico conformado como gobierno a través del Consejo de Estado, cuya maquinaria fue mantenida intacta, conspirando contra el gobierno constitucional. Si se creó un flotador, el constructor es el Consejo de Estado y la Embajada, no el gobierno presidido por Bosch.

Hay acontecimientos históricos que con el tiempo se aclaran, pero hay personas que quedan entrampadas en falsos argumentos arreglados para ocultar verdades (no es el caso de Margarita Cordero); pero sí el de los manipuladores que no entienden que tarde o temprano el peso de la verdad se impone.



QUE NO PASE LO MISMO


Por: Rafael Chaljub Mejía
Que no pase ahora lo que ocurrió cuando el cambio de agosto de 1978. Entonces el movimiento progresista hizo causa común con el perredeísmo para desplazar a Balaguer y conquistar la libertad política.
Los dos propósitos se lograron, pero cuando llegó la libertad política no supimos qué hacer con ella. Era el momento de aprovechar el cambio para levantar un programa de reformas por la democratización de la vida política, ir mucho más allá del cese de la represión de los doce años del balaguerismo.
Procedía plantear demandas como la de la reforma constitucional por medio a una constituyente electa por voto popular, que sobre las ruinas de la vieja constitución balaguerista le diera a la República el marco jurídico indispensable para una cabal reorganización del Estado. Era el momento de luchar por completar la transición democrática pendiente desde la caída de la tiranía.
El grueso del movimiento de izquierda entendió otra cosa. Se fue a organizar huelgas de choferes, protestas barriales, por demandas económicas, que son y serán siempre cosas muy importantes, pero no tanto como para olvidarse de la política. Esas protestas crecieron y algunos lanzaron la consigna de la “revolución inminente” y resultó que quien cosechó el desgaste del perredeísmo y se volvió “inminente” fue Balaguer, que en 1986 volvió al gobierno por diez años más.
Ahora hay otro cambio y Luis Abinader ha sido la vía. Él se ha comprometido con los Lineamientos Básicos de la Coalición Democrática. En el discurso con que saludó su triunfo, reiteró su compromiso con la democratización, el rescate de las instituciones y la lucha contra la corrupción y la impunidad, que están en la esencia de esos Lineamientos.
Saludable.
Todavía no acaban de contar los votos y ya circulaban emplazamientos y amenazas con sacar de nuevo la gente a la calle. Como quien le hace culto a la consigna anarquista de: Abajo el que está y abajo el que suba.
No hay que hipotecar los objetivos propios, ni ignorar el carácter conservador de determinados sectores nativos y extranjeros que han respaldado al nuevo presidente. Pero este ha reiterado sus compromisos con las reformas democráticas y la moral administrativa, entonces, sin precipitaciones ni prejuicios, juzguémoslo por el comportamiento que observe frente a ellos. Queríamos avanzar un paso y lo logramos. Con la seguridad del que sabe lo que busca, sigamos la marcha, y con el estímulo de este triunfo, continuemos la batalla por objetivos históricos de mucho más alcance.