lunes, 17 de agosto de 2020

¿CÓMO MANEJAR CORRECTAMENTE LAS CONTRADICCIONES EN LA IZQUIERDA?

Por: Francis Santana

Si manejamos las contradicciones en la izquierda correctamente, podemos avanzar con mayor firmeza hacia el poder.

Las contradicciones tienen un carácter absoluto y universal en la sociedad y en la materia orgánica.

En el seno de las fuerzas revolucionarias siempre existirán contradicciones. Unas veces de tipo táctico, otras en lo estratégico y en cualquier circunstancia, siempre habrá contradicciones.

Es absurdo pretender que estas no existieran en el seno de entes vivos, dinámicos y fluidos que palpitan y se transforman de manera permanente, incluso hasta en nuestro propio pensamiento mismo.

Al abordar una determinada contradicción (y mucho más si esta se presenta en el seno de fuerzas revolucionarias), debemos procurar hacerlo de tal manera que sus resultados contribuyan al avance del proceso revolucionario.

En el seno de nuestra izquierda, históricamente hemos tratado las contradicciones de tal forma que por lo general salimos más debilitados, haciendo el problema mayor e incluso fragmentados.

Esa práctica tenemos la responsabilidad de irla superando; entendiendo definitivamente que el movimiento revolucionario, que los revolucionarios constituimos una amplia diversidad a la que no podemos ponerle condición de unanimidad de pensamiento para poder forjar los niveles de unidad que nos sitúen en condiciones de colocar la correlación de fuerzas a nuestro favor para avanzar hacia la construcción del poder.

Es muy probable que nunca lleguemos a ponernos totalmente de acuerdo sobre el papel histórico que determinados personajes han jugado en los procesos revolucionarios. Esto no puede ser un elemento causal que nos impida marchar juntos tras los objetivos comunes de alcanzar la victoria de la revolución democrática y de avanzar hacia la construcción de una sociedad en la que sea superada la explotación del hombre por el hombre.

En el tratamiento de las contracciones en el seno del pueblo y aún más entre revolucionarios, debemos siempre tratar de ser prudentes, manejarnos con madurez y poner siempre en primer plano los interés de los explotados y oprimidos.

La historia de la izquierda dominicana ha sido hasta hoy, la historia de la heroicidad, del martirologio y los grandes sacrificios; pero también ha sido la historia de las divisiones recurrentes, de la fragmentación y la competencia entre ella misma, en vez de su unidad y complementariedad para erigirse en una verdadera opción de poder revolucionario.

La lucha ideológica será tan permanente en el campo revolucionario y en la vida en todas sus dimensiones, que más que asumirla como una desgracia; debemos saludarla; pero encausarla de manera responsable y correctamente.

Hoy, cuando los viejos y desacreditados partidos de derecha atraviesan por sus momentos más difíciles en toda su historia, es altamente oportuno construir una sólida unidad de izquierda y progresista como condición imprescindible para poder constituirnos en una auténtica opción de poder, y esto solo es posible, si de ahora en adelante nos atrevemos a tratar nuestras contracciones y diferencias de manera distinta a como lo hemos hecho hasta ahora.

Es hora de superar los viejos vicios y lastres que nos han impedido construir una portentosa unidad del campo popular que nos encamine hacia el poder junto a las grandes masas de obreros, campesinos y sectores de clase media arruinados por el capitalismo neoliberal y la grosera dominación imperialista.

Rectifiques. Podemos vencer...y venceremos.



 

 

sábado, 15 de agosto de 2020

POR FIN SALIMOS DE DANILO, SU GRUPO Y EL PLD

 Por: Fortune Modeste Valerio

Lo que se perfilaba como un cambio positivo «el ascenso al poder del Danilo Medina, para el país y el partido de la Liberación Dominicana, PLD» se convirtió en una larga pesadilla donde predominó la avaricia, egoísmo y la corrupción en la conducción de la administración publica. Permitiendo que la putrefacción y la impunidad siguieran destacándose, continuando el rumbo de los otros gobiernos del litoral morado.

Del PLD de Juan Bosch queda poco, muy poco. Los principios éticos, morales y patrióticos, que hicieron galas al destacado líder e intelectual dominicano, se fueron pal carajo. De lo que se trata, ahora, es de hacerse rico, millonario, al costo que sea. No importa los comentarios negativos, imágenes repugnantes, sino los resultados. En corto tiempo, han logrado lo que a ciertos privilegiados «le ha costado toda una vida entera» de varias generaciones.

El tránsito histórico por lo que atraviesa la República Dominicana «permite» las manifestaciones inescrupulosas, inconstitucionales y serviles de los gobernantes de turnos. Mientras «no toquen» ni con el pensamiento los intereses de los Estados Unidos de Norteamérica y otros países imperiales, se pueden llevar, despilfarrarr, hasta los papeles de sanitarios.

Y eso es lo que han hechos, los últimos gobiernos del PLD: apropiarse, dilapidar y enajenar fondos públicos, con el mayor descaro posible, en las caras de todos. 20 años en el poder, Leonel Fernández Reyna y Danilo Medina Sánchez, expresidentes de la República. Exhibiendo crecimiento, progreso, estabilidad macroeconómica y todas las variables económicas que sirvan para embellecer un paraíso que solo existe en el pequeño mundo que se anida en sus cabezas de grandeza y señores, condiciones posibles al usar y abusar recursos estatales.

La magia de Leonel y Danilo en convertir en millonarios «de la noche a la mañana» a su círculo «cerrado y cercano» de socios, es la utilización a su antojo, violando las normas procedimentales en materia de ejecución, el Presupuesto Nacional de Ingresos y Gastos Públicos. Se han hechos expertos en las distorsiones: sobrevaluaciones, concursos chuecos, compras ilegales, y las diabluras, por más inverosímiles, que ustedes no se pueden imaginar. Casi todas las transacciones financieras, comerciales y de infraestructuras gubernamentales dejaron extraordinarios beneficios a los altos dirigentes peledeístas.

Las debilidades institucionales del Estado fruto de no tener reglas de juego claras, fragilidades en el Congreso y la no existencia de una clase gobernante que impida el desfalco del Tesoro Nacional, permiten que grupos oligárquicos burgueses, y una insaciable pequeña burguesía enquistada en la cúpula de los partidos políticos, que viene en ascenso social y económico, asalten, con toda la impunidad del mundo, los bienes estatales.

No basta con que hayan perdidos, Danilo y el PLD, las elecciones presidenciales, congresuales y municipales. Es necesario someterlos a la justicia, aquellos que se le compruebe mal uso, violando la ley, de sus funciones publicas. Crear un precedente histórico para los que llegan a la administración del Estado, si por casualidad quieren imitar a los corruptos del PLD.

No hacemos nada si no contamos con un sistema de justicia «independiente» que no obedezca al gobierno de turno, a las directrices del partido político en el poder o ha un sector económico y social determinado. La Modificación de la Constitución de la República mediante la consulta popular, constituyente, es necesaria si queremos enrumbar al país por verdaderos senderos democráticos. No es posible tener Tribunales y un Procurador independiente, sin modificar la Carta Magna.

Se van los comesolos, corruptos insaciables. Oportunidad para encauzar el país por un proceso de real democracia y libertades de derechos. Que permitan la consolidación de las instituciones públicas, el desarrollo de las fuerzas productivas, disminuir los niveles de pobreza y miseria de la población, prever y combatir la corrupción y la impunidad, restablecer la seguridad ciudadana, y, sobre todo, entre otras cosas, llevar a los tribunales a los funcionarios corrompidos. Los queremos presos, los culpables, y devolución de lo obtenido en forma ilegal.


 

EL NOBEL PARA CUBA

  Por: Rafael Chaljub Mejía

Me solidarizo completamente con el contenido del escrito de Chiqui Vicioso, en el cual sugiere otorgarle a Cuba el Premio Nobel de la Paz, por la labor que por más de cincuenta años han hecho los médicos de ese país en beneficio de los pueblos del mundo.

Ya hace meses el Maestro de la Medicina, doctor Erasmo Vásquez, había hecho la misma petición, que tuvo acogida incluso en medios internacionales.

Sería un reconocimiento a la vocación de servicio, la solidaridad y el valor moral de unos profesionales que han llevado vida y salud a todos los continentes, al cumplir seiscientas mil misiones en ciento sesenta y cuatro países, algunos de ellos afectados por enfermedades tan contagiosas como el ébola, el sida y ahora, el Coronavirus.

En cualquier lugar del mundo donde surja la necesidad de la cooperación médica está dispuesto a acudir el personal médico cubano y los propios Estados Unidos sirven para reforzar esta verdad. Cuando el huracán Catrina azotó a ese gran país los primeros en extender su mano generosa fueron los profesionales de la medicina de Cuba.

Ya antes, esos mismos profesionales habían acudido en ayuda de las víctimas del accidente nuclear de Chernovil en 1991, en la antigua Unión Soviética. Venezuela, Bolivia, muchos países africanos y ahora la muy moderna y capitalista Italia, han sido favorecidos por lo que Cuba y sus médicos han considerado siempre un alto deber moral y humano, la cooperación internacional.

Y ahí precisamente reside la diferencia. El mundo capitalista forma médicos en el concepto del interés personal y la ganancia neta. Para ese sistema la medicina es mera mercancía y quiere inculcarle el médico formado en sus escuelas, la idea de en cada enfermo vea un clienta y no un paciente. El orden social y el adoctrinamiento en Cuba se rigen por normas completamente opuestas.

Fidel en ocasión estableció la diferencia entre los que envían millares de soldados a invadir pueblos pacíficos, y Cuba que manda brigadas de médicos a procurar salud y salvar vidas. Con eso ha hecho un invalorable aporte a la causa de la paz.

Vamos a clamar porque con ese Nobel a Cuba se reconozca el mérito de su personal médico, se premien la virtud de la generosidad llevada más allá de todas las fronteras.
Al mundo actual le hace falta un reconocimiento así y Cuba y su personal de salud se lo tienen de sobra merecido.

FUENTE: https://eldia.com.do/el-nobel-para-cuba/


 

viernes, 14 de agosto de 2020

EL GALLO SALIÓ PELÓN

Por: Jesús Díaz


La ausencia del presidente Danilo Medina de la Asamblea Nacional donde se juramentará al presidente electo Luis Abinader este 16 de agosto, no sólo marca un hito en la democracia nuestra, sino que sigue poniendo al desnudo la pasta humana de la que está hecho el presidente Medina, quien huye al debate, a la confrontación y a escuchar lo que no quiere. Pocas veces en sus ocho años de mandato se expuso ante los medios de comunicación y la opinión pública.

El hecho quedará registrado en los anales de nuestra historia; en casi cincuenta años de vida democrática el presidente saliente no escuchará el discurso del presidente entrante, aunque es una decisión muy personal de Medina. Salir por la «puerta de atrás’’ es romper con el simbolismo del poder y la tradición democrática de los traspasos de mandos a nivel del Poder Ejecutivo.

Los elementos esbozados por José Ramón Peralta, ministro administrativo y cercano colaborador de Medina, es «para mantener el distanciamiento social debido a la pandemia del COVID-19».

Este es un elemento discursivo que dicta mucho de la realidad concreta, sobre todo cuando el primer mandatario salió a hacer campaña por su candidato Gonzalo Castillo, y los últimos días ha mantenido una agenda de inauguraciones de obras del Estado en plena pandemia.

El presidente Medina prefirió no darle «a lo hecho pecho’’. Su táctica falló después de perder la mayoría de senadores, diputados, regidores, alcaldes, el Poder Ejecutivo y de dividir el partido.

‘’Las amarguras no son amargas, cuando las canta Chavela Vargas, y las compone un tal José Alfredo’’ diría Sabina en el bulevar de los sueños rotos. Pero en el caso de Danilo Medina su amargura es tan grande que prefirió correr como el gallo aquel.

FUENTE: https://eldia.com.do/el-gallo-salio-pelon/?fbclid=IwAR0cq2y9ZGuGJU5Lh9pexyyGXf6q8louhNBxcvEWlFajI37-7gxEwRwKPJE


lunes, 10 de agosto de 2020

VACUNAS Y REMEDIOS

 Por Narciso Isa Conde

Las corporaciones farmacéuticas están en la cúspide del imperialismo, compitiendo con las más poderosas transnacionales. Tienen un enorme peso en riqueza y poder dentro de la facción “globalista” de la burguesía transnacional.

La COVID 19 y sus recientes antecesoras -montadas sobre la pandemia del gran capital-, entre sus tenebrosas maldades, ha tenido la virtud de sacar a flote el pus mas soterrado del sistema global de salud: los asaltos enmascarados de las grandes empresas privadas a espacios aparentemente públicos o interestatales, junto al tráfico de influencia en sus entrañas. La OMS no ha escapado a esa embestida.

Hoy, por ejemplo, se conoce mejor el rol del magnate Bill Gates, dueño de MICROSOFT, quien financia el 90% del Programa de Medicamentos de la ORGANIZACIÓN MUNDIAL DE LA SALUD-OMS; mientras que el 80% de su presupuesto está financiando con donaciones privadas canalizadas a través de la FUNDACIÓN BILL Y MELINDA GATES.

La denuncia proviene del economista español Germán Velázquez, ex –funcionario por 20 años de la OMS, refrescada por el periódico digital REBELIÓN en un artículo de Jorge Santa Cruz que muestra como Gates, junto a otros magnates, predominan en la privatización de la OMS; influyendo en compras de medicamentos y equipos, en diseño de protocolos y en otras decisiones claves, sobre todo en materia fabricación y ventas de vacunas en tiempos de pandemias.

El tema de la vacuna sigue tomando preeminencia en los pronunciamientos de la OMS, en un contexto en el que a ésta se le pone un enorme empeño comercial que contrasta con el predominio del desprecio a previsiones y remedios por fases; lo que indica que el negocio supremo ambicionado es la venta de vacunas y las vacunaciones periódicas en un planeta con una clientela  de 7 mil millones de habitantes amenazados por esta tragedia. En muchos casos la OMS hará de intermediaria en las compras entre países  como RD y fabricantes de las mismas.

En materia de prevención y remedios –además de no dedicar los recursos y esfuerzos que  el tema merece- abunda ese cruel desprecio a programas de fortalecimiento del sistema inmunológico, absurdas obstrucciones a medicamentos y procedimientos de la medicina natural-alternativa (y de la propia convencional), tales como agua de mar, alimentación apropiada, ozono, dióxido de cloro, ivermectina, peróxido de hidrógeno, interferon-alfa R (cubano)…, que  han mostrado eficacia, o para protegernos de la infección, o para detener tempranamente avances de la enfermedad y desenlaces fatales. La súper-ganancias por encima de todo. ¡Hay si China y Rusia lograran la vacuna antes y gratis!


EN EL 117 ANIVERSARIO DEL FALLECIMIENTO DEL MAESTRO, EUGENIO MARÍA DE HOSTOS. JUAN BOSCH: ¡MI ENCUENTRO CON HOSTOS!


 JUAN BOSCH: MI ENCUENTRO CON HOSTOS

 

“El hecho más importante de mi vida hasta poco antes de cumplir 29 años fue mi encuentro con Eugenio María de Hostos, que tenía entonces casi 35 años de muerto. El encuentro se debía al azar; pues, buscando trabajo, lo halle como supervisor del traslado a maquinilla de todos los originales de aquel maestro de excepción… (…)

 

Eugenio María de Hostos, que llevaba 35 años sepultado en la tierra dominicana, apareció vivo ante mí a través de su obra, de sus cartas, de papeles, que iban revelándome día tras día su intimidad; de manera que tuve la fortuna de vivir en la entraña misma de uno de los grandes de América, de ver cómo funcionaba su alma, de conocer –en sus matices más personales- el origen y el desarrollo de sus sentimientos.

 

Hasta ese momento, yo había vivido con una carga agobiante de deseo de ser útil a mi pueblo y a cualquier pueblo, sobre todo si era Latinoamericano; pero, para ser útil a un pueblo, hay que tener condiciones especiales.

 

¿Y cómo podía saber yo cuales condiciones eran esas, y como se las formaba uno mismo sino las había traído al mundo, y como las usaba si las había traído? La repuesta a todas esas preguntas, que a menudo me ahogaban en un mar de angustia, me la dio Eugenio María de Hostos, 35 años después de haber muerto. (…) la lectura de los originales de Eugenio María de Hostos me permitió conocer que fuerza mueven, y como la mueven, el alma de un hombre consagrado al servicio de los demás”. (Juan Bosch, Hostos el sembrador).



EUGENIO MARÍA DE HOSTOS: CUIDADANO DE AMÉRICA

Por: Pedro Henríquez Ureña


(En este ensayo Pedro Henríquez Ureña expresa su profunda admiración hacia Hostos)

«Dadme la verdad y os doy el mundo. Vosotros, sin la verdad destrozaréis el mundo; y yo con la verdad, con sólo la verdad, tantas veces reconstruiré el mundo cuantas veces lo hayáis vosotros destrozado». Así era, en Hostos, la delirante fe en la verdad, llama del incendio engendrado, como dijo Nietzsche «en aquella creencia milenaria, en aquella fe cristiana, que antes fue la de Platón, y para quien Dios es la verdad y la verdad es divina».

Pero no sólo arde en Hostos la fe en la verdad: arde, con más alta llama, la pasión del bien, pasión de apóstol.

Porque Hostos vivió en los tiempos duros en que florecían los apóstoles genuinos en Nuestra América. Nuestro problema de civilización y barbarie; exigía, en quienes lo afrontaban, vocación apostólica. El apóstol corría peligros reales, materiales; pero detrás de él estaba en pie, alentándolo y sosteniéndolo, la hermandad de los creyentes en el destino de América como patria de la justicia.

A Eugenio María Hostos (1839-1903) el ansia de justicia y libertad lo enciende para la misión apostólica. Al nacer en Puerto Rico, abre los ojos sobre la injusticia como sistema social: desde la situación colonial de la isla frente a tantos pueblos, emancipados de Europa, que trabajosamente aprendían a ser dueños de sí, hasta la institución de la esclavitud. Antes de la adolescencia (1851) va a España, donde permanecerá hasta cumplir los treinta años. Allí comprende la esencia de los males que atormentan a todo el mundo hispánico, en la patria europea y en las patrias desgarradas de América: la falta de clara conciencia social que anime la estructura política. Conoce a hombres y mujeres —Pi y Margall, Concepción Arenal, Sanz del Río y sus discípulos— en quienes germina otra España renovada, purificada. De ellos aprende y con ellos trabaja.

Devora conocimientos: ciencia y filosofía, arte y literatura. Pero su ansia de justicia y libertad —ansia humana, física, ansia de hijo de Puerto Rico— se convierte en pensamiento cuyo norte es el bien de los hombres, se nace «trascendental», como decían sus amigos los krausistas. Vive desde entonces entregado a su meditación filosófica y a su acción humanitaria, embriagado de razón y de moral. Su carácter se define: estoico, según la tradición de la estirpe; severo, puro y ardiente; sin mancha y sin desmayos.

Piensa en el porvenir de España y en el porvenir de las Antillas: las concibe autónomas dentro de una federación española. Trabaja activamente para preparar el advenimiento de la república; de sus compañeros recibe la promesa de la autonomía antillana. Pero en 1868, al iniciarse el período de transformación, ve como se desdeña y pospone el desesperado problema de Cuba y Puerto Rico. El desengaño lo inflama. Pudo haberse quedado, pudo hacerse escritor famoso. Pero decidió romper con España y lo hizo en memorable discurso del Ateneo de Madrid.

Cuba se arroja a su primera revolución de independencia (1868-1878); Hostos se dedica a trabajar en favor de ella. Hasta embarca con Aguilera rumbo a los campos de la insurrección; naufraga y nunca llega a conocer la isla maravillosa. Recorre entonces las Américas, de norte a sur y de Atlántico a Pacífico, explicando con palabra y pluma el problema de las Antillas, reclamando ayuda para los combatientes. De paso interviene en problemas de civilización de los países donde se detiene: en el Perú protege a los inmigrantes chinos; en Chile defiende el derecho de las mujeres a la educación universitaria; en la Argentina apoya el plan del Ferrocarril Trasandino, y en homenaje, la primera locomotora que cruzó los Andes se llamó Hostos.

Fracasada la guerra de los Diez Años, aplazada la independencia de Cuba, pero abolida siquiera la esclavitud en las Antillas españolas, Hostos no abandona la lucha; le da forma nueva. Se establece en la única Antilla libre, en Santo Domingo, y allí se dedica a formar antillanos para la confederación, la futura patria común, la que debería construirse "con los fragmentos de patria que tenemos los hijos de estos suelos". Pero el propósito lejano, que a él no se lo parecía, quedó oscurecido bajo el propósito inmediato: educar maestros que educaran después a todo el pueblo. Esos maestro debían ser, según su fórmula, "hombres de razón y de conciencia''. Con ayuda de hombres y mujeres desinteresados, encendidos —ellos también— en llama apostólica, implantó la enseñanza moderna, cuyo núcleo es la ciencia positiva, allí donde se concebía la cultura dentro de las normas clásicas y escolásticas que sobrevivían de las viejas universidades coloniales; enseñó la moral laica, forjando los espíritus "en el molde austero de la virtud que en la razón se inspira". La obra fue extraordinaria: moral e intelectualmente comparable a la de Bello en Chile, a la de Sarmiento en la Argentina, a la de Giner en España. Sólo el escenario era pequeño.

La Escuela Normal de Hostos (1880-1888), encontró oposición en los representantes de la antigua cultura; pero sus enemigos reales no eran esos, que en mucho llegaron a transigir o a cooperar con él: entre «cleros» ajenos a traición, entre hombres de buena fe, la lucha leal puede trocarse en colaboración. El enemigo real estaba donde está siempre, en contra de la plena cultura, que lo es "de razón y de conciencia", tanto de conciencia como de razón: estaba en los hombres ávidos de poder político y social, recelosos de la dignidad humana. El déspota local decía que los discípulos de Hostos llevaban la frente demasiado alta. Después de nueve años, «cansado de las luchas con el mal y con los malos», Hostos decidió alejarse del país.

Fue a Chile, donde pudo vivir tranquilo diez años (1889-1898), entregado a la enseñanza. Influyó en la reforma de las escuelas, dando ejemplo de modernización de los planes de estudios y de los métodos; participó en la enseñanza universitaria, como antes en Santo Domingo. Santiago de Chile lo declara hijo adoptivo de la ciudad; la comisión oficial que exploraba el sur da su nombre a una de las montañas patagónicas. Pero, a veces, en medio de aquella paz, su alma inquieta echaba de menos los estímulos del hervor antillano: «¡Y no haberme quedado a continuar mi obra!».

En 1898, cuando va a terminar la segunda guerra cubana de independencia con la intervención de los Estados Unidos, Hostos corre a reclamar la independencia de Puerto Rico. ¿Qué menos podía esperar el antiguo admirador dé los Estados Unidos, cuyas libertades, antes simples y diáfanas, exaltaba siempre como paradigmas frente a Europa enmarañada en tiranías y privilegios? Ahora tropezó de nuevo con la injusticia: los dueños del poder no soltaron la presa gratuita. ¡Con cuánta amargura lamentó que las naciones de la América Española no se adelantaran a los Estados Unidos, como él lo había propuesto, en la defensa de Cuba!

Volvió a Santo Domingo en 1900, a reanimar su obra. Lo conocí entonces: tenía un aire hondamente triste, definitivamente triste. Trabajaba sin descanso, según su costumbre. Sobrevinieron trastornos políticos, tomó el país aspecto caótico, y Hostos murió de enfermedad brevísima, al parecer ligera. Murió de asfixia moral.

Es vastísima la obra escrita de Hostos. En su mayor parte obra de maestro: hasta cuando no es estrechamente didáctica, para uso de aulas, esclarece principios, adoctrina, aconseja. Y cuando la necesidad de las aulas no la hace meramente científica o pedagógica (como el precioso manual de «Geografía Evolutiva» para las escuelas elementales de Chile), lleva enseñanza ética; su preocupación nunca está ausente.

Todo, para este pensador, tiene sentido ético. Su concepción del mundo, su optimismo metafísico, como la llama Francisco García Calderón, está impregnada de ética. La armonía universal es, a sus ojos, lección de bien. Pero su ética es racional. Cree que el conocimiento del bien lleva a la práctica del bien; el mal es error («en el fondo de este caos no hay más que ignorancia»). Está dentro de la tradición de Sócrates, fuera de la corriente de Kant, pero Kant influye en su rigurosa devoción al deber.

Como la razón es el fundamento de su moral, difundirá el culto de la razón y de su fruto maduro en los tiempos modernos, las ciencias de la naturaleza. Por eso, soñando con el bien humano, exalta la fe en la persecución y en la adquisición de la verdad. Sólo lo asombra, a ratos, «la eternidad de esfuerzos que ha costado el sencillo propósito de hacer racional al único habitante de la tierra que está dotado de razón».

Y por eso, sus singulares dones de artista, de escritor, los sacrifica, los esclaviza a los fines humanitarios. Como Martí, para i quien fue uno de los pocos maestros (leyendo el «Plácido» de Hostos (1872) se reconoce el magisterio). Pero mientras para Martí arte y virtud, amor y verdad, viven en feliz armonía («todo es música y razón»), Hostos sospecha conflictos entre belleza y bien: resueltamente destierra de su república interior a los poetas si no se avienen a servir, a construir, a levantar corazones,

Hizo música, versos, teatro, para su intimidad personal y familiar; de sus novelas, la única conocida, «La Peregrinación de Bayoán» (1863), es alegoría de su pasión: la justicia y la libertad en América. Pero el artista que él en sí mismo desdeñaba sobrevivía en la extraña fuerza de su estilo, sobreponiéndose a los hábitos didácticos, con su manía simétrica de que lo contagiaron krausistas y positivistas. Hasta sus cartas salen escritas con espontánea perfección luminosa. Y, como gran apasionado, conservó el don oratorio.

De sus libros, el que mejor lo representa es la «Moral Social» (1888). Demasiado lleno, Hostos, de preocupaciones humanas y sociales para filósofo puro u hombre de ciencia abstracta, sus intentos teóricos son cimientos apresurados donde asentar su casa de prédica. Los dos breves tratados de Sociología (1883-1901) son esbozos para iniciar a estudiantes del magisterio en la consideración de los problemas de la sociedad humana: es ingeniosa su estructura, pero quedan fuera de los caminos actuales de la ciencia social, empeñada en acotar su campo y depurar sus datos antes de intentar de nuevo las construcciones teóricas a que ingenuamente se lanzó el siglo XIX; ofrece agudas observaciones concretas, especialmente las que tocan a nuestra América. En su curso de «Derecho constitucional» (1887) expone audazmente su concepción política, desdeñando todo eclecticismo y desentendiéndose de la mera erudición —que poseía— de doctrinas y de historia: su propósito es convencer a lectores y oyentes de que la organización de los estados debe fundarse sobre principios de razón y normas éticas.

Y en la «Moral social» poco interesa la exposición de las tesis sobre «relaciones y deberes», contagiadas del naturalismo y del organicismo entonces en boga; su fuerza y su brillo aparecen' cuando discurre sobre las "actividades de la vida" —en particular sobre la política, las profesiones, la escuela, la industria—, hasta culminar en la discusión sobre el uso del tiempo: la civilización sólo será real cuando haya enseñado a todos los hombres a hacer buen uso del tiempo que les sobre.

Junto a la «Moral social» hay que poner el extraordinario discurso que Hostos pronunció en la investidura de sus primeros discípulos (1884): en él declaró toda su fe, describiendo en síntesis, con singulares parábolas y relampagueantes apostrofes el ideal y el sacrificio de su vida, sus principios éticos y su concepto de la enseñanza como base de reforma espiritual y de mejoramiento social. Piensa Antonio Caso que este discurso es la obra maestra del pensamiento moral en la América Española.

Pero en todo, tratados, lecciones, discursos, cartas, artículos, con que en muchedumbre sirvió a nuestra América, desde la descripción de los puertos del Brasil hasta el homenaje a los poetas y el estudio del «Hamlet», en que la observación psicológica se une a la reflexión moral, Hostos se revela siempre, en pensamiento y forma, lo que fue: uno de los espíritus originales y profundos de su tiempo.

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